O-KAERI NASAI

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viernes, 11 de diciembre de 2009

KOI SURU







Ki ga areba
Me mo kuchi kodo
Mi mono wo iu

Cuando el deseo llega
Los ojos pueden hablar mucho más
Que la boca






El amor, cuántas veces pensó en el amor...
Aún se ruboriza al pensar en el deseo que la inunda, el deseo de sentir manos ajenas recorriendo su piel. Cómo serán esas manos de otro ser, fuertes, cálidas, primitivas e invasoras.
Se despertó perezosa y estiró con fuerza las piernas rozando con suave sensualidad la tela del tatami que recogía su cuerpo. Apretó con fuerza los muslos, sintiendo una tibia calidez entre ellos, la seda de sus manos tocaron sus caderas anhelando un encuentro furtivo, un enfrentamiento de cuerpos sin control.
Se revolvió entre las ropas que cubrían su cuerpo, molestas e inoportunas. Quería mostrarse al aire, exhibirse al viento sin pudor, quería ser tocada y amada, hasta consumirse en el fuego al que en esos instantes daba la bienvenida. Quería comer del fruto prohibido...

Recordó el día en que lo vió por primera vez. Sus rasgados ojos no daban crédito al conocimiento de un rostro tan hermoso, blanco deslumbrante como la nieve cubriendo los sauces del jardín, llenos de lágrimas lánguidas, besando el suelo con su peso, arrastrándose en una tierna oración.
Le pareció que sus labios la besaban, la arrastraban a una pasión ciertamente desconocida y le pareció que esos mismos labios la atrapaban en un rezo de comunión íntima y eterna.

Se retorció sobre el tatami. Sus piernas se acariciaron lentamente la una a la otra y su pecho se agitó en cortos suspiros. Arqueó la espalda buscando aire fresco para aliviar el calor, y lo echó de menos.

Quiso tenerlo a su lado, allí, en esa habitación falta de aliento, falta de aire que había consumido su deseo. Quiso sus manos alisando los pliegues íntimos de su piel, su boca para darle el aire que le faltaba, su peso contra su pecho.

Volvió a recordarlo... Su primera mirada, sus ojos dándole la vida, clavándose en su pensamiento, grabándose a fuego. Sintió que se le iba la vida, se la llevaba el hombre con su wakizashi, cortándo su cabeza, abriéndole el vientre, arrancándo su corazón.

Oh Kami!, Ven, amor, ven a mí!

Suspiraba entrecortadamente, aspiraba el aire con fuerza, sus manos acariciaban la superficie cálida del tatami, intentando encontrar el cuerpo que tanto anhelaba, buscando, desesperada, hasta que sus manos tropezaron con otras manos...

Abrió los ojos de par en par, sobresaltada, el sudor empapaba la almohada, y su espíritu sintió una profunda tristeza.
No puede ser un sueño, los sauces no me mentirían jamás. Ellos lloraron por mí, sus ramas besaron mi rostro, el suelo de mi jardín. Ellos me prometieron que jamás volvería a estar sola, que mi vida estaría junto a él.
No puedo creer que esto sea sólo un sueño...

Y mientras volvía a recostar su cabeza para derramar lágrimas de desolación, volvió a sentir manos ajenas; manos envolviendo sus caderas, atrayéndola hacia un cuerpo joven lleno de promesas.
Las manos recorrieron su cuerpo y se detuvieron en su pecho, cerca de su corazón.
Su cara blanca como la nieve que cubría los sauces del jardín se iluminó con una tímida sonrisa.
Después de todo, no fue un sueño...

KOI SURU: enamorarse.
TATAMI: Estera que recubre el suelo.[ 畳 (たたみ) ]; (palabra que originalmente significaba "doblada y apilada"). Son un elemento tradicional muy característico de las casas japonesas. Tradicionalmente se hacían con tejido de paja, y se embalaban con ese mismo material.
WAKIZASHI: Segunda espada del samurái.
KAMI: (神, ''Kami'') es la palabra en japonés para aquellas entidades que son adoradas en el shintoísmo. Se suele traducir como "dios" o "deidad".

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

jueves, 3 de diciembre de 2009

CHA NO YU







Shiramomo ya
Shizuku mo otosu
Mizo no iru


El melocotón blanco:
Las gotas también dejan caer
El color del agua





El agua absorve el color de las hojas de té.
Haha, mis manos tiemblan...
Escucho mil gotas de lluvia golpeando las piedras del jardín, mil gotas de agua confundidas con la hierba. Son lágrimas del cielo llorando, contemplando mi aprendizaje eterno.
Muevo mi mano paralela a la línea del horizonte, y el vaivén de mi muñeca corta el aire. Aire que acaricio y envuelvo en un cálido abrazo atrapado en la palma surcada por el ritmo de mi vida, en líneas escritas por el destino que marca mi nacimiento. Haha, tú eres culpable de ello.

Mi mano se alza en movimiento ascendente y circular; baila, sintiendo el camino. Nunca nadie supo hacerla danzar salvo las hojas de té; mi mano vuela en el viento con olores de sakura en flor, con un sentido indescifrable, mágico y puro.
Mi mano se mueve en trazos marcados de tradición, en una sintonía acompasada, lenta, que invita a compartir la ceremonia del encuentro.

Mi mano se úne a mi otra mano.
Las dos se miran y hablan entre sí.
¿Qué giro debo seguir?, ¿En qué sentido?
Dirección Este, o dirección Oeste.
Oriente u Occidente.
No puedo decidir, y, sin embargo, se mueven solas...
Miran al sol, miran a la luna, se quedan con el dragón.
Las estrellas acogen el viaje del viento, el que origina mis manos en su camino a través del espacio, sintiendo el frío de la porcelana, el calor del agua mezclándose con el té.

Necesito agua caliente para volver a detener el tiempo y dejar que reine el silencio. Quiero volver a cortar el aire y mover mi mano otra vez, en una oscilación suave, dejando que continúe el goteo, incansable e incierto, de la infusión en mi taza, de la lluvia en mi tejado,. mientras late mi corazón recordando los libros de los que aprendí, ofreciéndote mi wabi, el que permanece en tu recuerdo...

Mi mano es bambú, es hoja que acoje el agua, la lluvia, se moja y se inclina, flexible, se abre paso en la niebla. Mi mano te ofrece el momento, te entiende y comparte el instante.
Quiéreme, conóceme, pues no volverás a tener un ichi-go ichi-e como el que yo te ofrezco, mis manos se detendrán en el tiempo. Acoge su vuelo en este momento, no volverás a verlas danzar.
El próximo baile ya no será para tí...

CHA NO YU: Literalmente, "agua caliente para el té".  Ceremonia del té.
HAHA: Mamá.
SAKURA: Cerezo.
WABI: Celebración de la ceremonia del té con humildad, simplicidad, imperfección, con sobriedad.
ICHI-GO ICHI-E: Literalmente, "un encuentro", "una oportunidad", algo que debe ser atesorado, pues no volverá a repetirse jamás.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

Nota de la autora: La ceremonia japonesa del té (cha-no-yu, chadō, o sadō, ceremonia japonesa del té ) es una forma ritual de preparar té verde o matcha (抹茶, matcha), influenciada por el budismo zen, sirviéndose a un pequeño grupo de invitados en un entorno tranquilo.
Cha-no-yu (茶の湯, Cha-no-yu literalmente, "agua caliente para el té") se refiere usualmente a una ceremonia individual, mientras que sadō o chadō (茶道, 'sadō o chadō' "el camino del té") se refiere al estudio o doctrina de la ceremonia del té. La pronunciación sadō se prefiere en la tradición Omotesenke, mientras que chadō se prefiere en la tradición Urasenke.
Cha-ji (茶事, 'Cha-ji') alude a una ceremonia del té completa, incluyendo una frugal comida (kaiseki), té ligero (usucha) y té espeso (koicha), prolongándose aproximadamente cuatro horas. Chakai (茶会, literalmente "cita del té") no incluye el kaiseki.
Dado que quien realice la ceremonia debe estar familiarizado con la producción y los tipos de té, además del kimono, la caligrafía, el arreglo floral, la cerámica, incienso y un amplio abanico de otras disciplinas y artes tradicionales además de las prácticas de la ceremonia en el colegio, el estudio de las mismas toma muchos años, a menudo una vida completa. Incluso para participar como invitado en una ceremonia del té formal se requieren conocimientos de los gestos y posturas adecuados y las frases que se esperan, la manera apropiada de tomar el té y los dulces y la conducta general en la sala del té.

El té fue introducido en Japón durante el siglo IX por los monjes budistas de China, donde se conocía, según la leyenda, desde hacía milenios. El té se hizo rápidamente popular en Japón y se comenzó a cultivar localmente.
La costumbre de beber té, primero como bebida medicinal y luego simplemente por placer se hallaba ya extendida ampliamente en China. A comienzos del siglo IX, el autor chino Lu Yu escribió el Ch'a Ching (Clásico de té), un tratado sobre su cultivo y preparación. La vida de Lu Yu se encontraba fuertemente influenciada por el budismo, particularmente por la escuela Chan, que evolucionó al Zen en Japón, y sus ideas tuvieron gran importancia en el desarrollo de la ceremonia del té japonesa.

En el siglo XII, una nueva forma de té, matcha, se introdujo. Este polvoriento té verde, extraído de la misma planta que el té negro, pero sin fermentar, fue usado en rituales religiosos de los monasterios budistas. Para el siglo XIII, los samurái comenzaron a preparar y beber matcha y los pilares de la ceremonia del té fueron erigidos.


La ceremonia del té evolucionó a una "práctica transformativa" y comenzó a desarrollar su propia estética, en particular el wabi. Wabi (佗, significando quietud o refinamiento) sobrio, o gusto sometido "es caracterizado por la humildad, moderación, simplicidad, naturalidad, profundidad, imperfección, y simples objetos y arquitectura, sin adornos, enfatizantemente asimétricos, y la celebración de la belleza suave que el tiempo y el cuidado imparten a los materiales". (Introducción: Chanoyu, el Arte del Té, en la página Urasenke de Seattle) [1]. Ikkyu, que revitalizó el Zen en el siglo XV, tuvo una profunda influencia en la ceremonia del té.


Para el siglo XVI, el té se había extendido a todos los niveles de la sociedad japonesa. Sen no Rikyu, quizás la más conocida y respetada figura histórica en la ceremonia del té, introdujo el concepto de ichi-go ichi-e (一期一会, 'ichi-go ichi-e' literalmente, "un encuentro, una oportunidad"), una creencia de que cada encuentro debería ser atesorado ya que no podría volver a repetirse. Sus enseñanzas derivaron en el desarrollo de nuevas formas de arquitectura y jardines en Japón, las Bellas Artes, las artes aplicadas, y en el desarrollo completo del sadō. Los principios que asentó -Armonía (和 wa), respeto (敬 kei), pureza (清 sei) y tranquilidad (寂 jaku)- son, todavía, el centro de la ceremonia del té.

La ceremonia del té requiere años de práctica y aprendizaje... con todo, el conjunto de este arte, en cuanto a sus detalles, no significa más que hacer y servir una taza de té. El asunto supremamente importante es que dicho acto debe realizarse de la manera más perfecta, más educada, más graciosa y más encantadora posible. -Lafcadio Hearn-




miércoles, 18 de noviembre de 2009

HAHA, MUSUME






Tsumazuite
Kawaii take no ko
Kao o dashi



Me he tropezado con...
Un lindo brote de bambú
Que asoma su cara







No podía apartar los ojos de su rostro...
En la noche clara, en el centro de la estancia iluminada por la luz de la luna llena, vió su carita ausente, llena de un abrumador sueño.
El frío invadió el espacio transportándola al infinito futuro incierto, claro en sus orígenes, oculto a su entendimiento, deseando el sol más hermoso para su pequeña Luna.
Acarició el rostro inocente que no cesaba de mirarla, tan parecida a ella, y la abrazó; suspirando, intentó apartarse de su cuerpo frágil sin conseguirlo, pero tampoco deseaba hacerlo.

Olió su aroma intentando retenerlo en su memoria, para no olvidarlo nunca, y cogió el peine de plata que descansaba en el tocador para poner orden en la maraña de cabellos que cubría su pequeña cabeza.
Alisó su pelo, tocó los mechones finos deslizándolos entre sus dedos, sedosos y suaves, los hubiera estado tocando toda una eternidad. Acercó la boca a su pequeño oído y empezó a cantarle la vieja nana que aprendió siendo niña de labios de su obâsan:

Quiso alcanzar la flor de Sakura
Y no lo consiguió
Quiso alcanzar la mariposa
Y no lo consiguió
Quiso abrir la mano y atrapar al ruiseñor
Y no lo consiguió
Pidió ayuda a los dioses para alcanzar las nubes
Y el Sol respondió:

"Niña bonita, Blanca Luna,
Tu mano inocente mecerá mi cuna"

Y la mano de Luna acarició el Sol
Y se sintió segura
La flor de Sakura, la mariposa y el ruiseñor
Cayeron en su regazo
Regalo de amor


Se desprendió del kimono y la abrazó con la suave seda, protegiéndola del frío.
Volvió a mirarla y acarició su carita, sus ojos rasgados se rendían a la llamada del sueño. La pequeña inclinó la cabeza hasta que descansó sobre su pecho y cerró los párpados poco a poco.
La acunó despacio, con un lento balanceo del cuerpo y del corazón, sintiendo su respiración lenta y acompasada.
Y continuó cantando la vieja nana:

Quiso alcanzar la rosa
Y no lo consiguió
Quiso lanzar un beso
Y no lo consiguió
Quiso abrir la mano y atrapar el calor
Y no lo consiguió
Pidió ayuda a los dioses
Y el frío alejó

La rosa, el beso y el calor
Cayeron en su regazo
Y el mundo cambió

Mi Blanca Luna, mi ruiseñor
Volando en el cielo
Estaremos tú y yo


La sombra del Sakura cobijó sus cuerpos dormidos...


HAHA: Madre (sentido cariñoso)
MUSUME: Hija (sentido cariñoso)
OBÂSAN : Abuela
SAKURA: Cerezo
KIMONO: Vestido tradicional japonés

Este relato está dedicado a Mª Dolors García Pastor (La Bruja de Clará, el enlace lo encontraréis en el lateral, espacio "Occidente") y a su hija Lluna (Luna), por despertar mi inspiración. Gracias con todo cariño.

Este relato está protegido y es propiedad de su autora

viernes, 16 de octubre de 2009

KOKORO



Kakikurasu
Kokoro no yami ni
Madoiniki
Yume utsutsu to wa
Yohito sadame yo


A través de la sombra más negra
De la oscuridad del corazón deambulo
Desconcertada
Tú que conoces el mundo del amor, decide:
¿Es mi amor un sueño o es real?







Los campos de arroz tornaron su color original a un dorado resplandeciente, reflejo de los últimos rayos del sol, ardiente y cálido. Las amapolas que nacían a lo largo del camino se ruborizaron de tal forma, que sus pétalos se quemaron en un infierno de sensualidad y pasión, y el verde de la hierba oculta bajo los granos de arroz brilló como piedras preciosas en el corazón de una cueva oscura ignorada por el tiempo.
El latido de la Tierra y de los campos salvajes comenzó a vibrar con un movimiento lento, presagiando la unión de las almas, de los cuerpos y de las vidas.

Las nubes, alborotadas en el inmenso cielo, el tiempo, dueño del momento, todo pasaba deprisa despreciando los segundos, los minutos... el cielo cambiaba sus colores, no podía retenerlos, los suaves colores se escapaban...
Oh, mi amor!, detén el tiempo!
Sintió unas manos fuertes apretando su cintura, recorriendo su piel hacia el centro de su gravedad, y ella quiso ver más colores... sorairo, akai, kîroi, pero no quiso suplicar más, no podía suplicar más...

Su captor, su dueño en ese instante primitivo era su iro, su único color, el ser de otro tiempo que la retenía junto a su corazón, cerca muy cerca de sus latidos.
Ella sólo quería ver colores y sólo veía el masshiroi, el blanco puro que envolvía su respiración en el frío de la tarde.
Quiso seguir la luz que apagaba las sombras de su propio corazón, quiso continuar la senda de los latidos marcados por su compañero, y encontró el tiempo detenido en sus sentidos, el mismo que hacía unos momentos pasaba tan deprisa y tan implacable y sintió los olores, los suaves roces de la seda de su kimono desapareciendo.

Volvió a sentirlo, sus manos, sus latidos, esperándola, llamándola, y el corazón del hombre volvió a colmarla con su temblor, su calor, su sangre y su fuego.
Sus ojos se abrieron como abanicos danzando al compás de una kouta de amor y reflejaron en sus pupilas el pulso del instante único que la hizo temblar, del ataque sensual al centro de la plenitud, extendiéndose como suaves olas en un mar fiero y embravecido.
Y sintió un nuevo latido con un nuevo temblor, llegando sin piedad, dentro muy dentro, queriendo más y más, avanzando con el tiempo, como energía en expansión cabalgando en un rojo resplandor que estallaba convirtiéndose en los colores vivos del universo que buscaba...

Cerró los ojos con fuerza y cuando los abrió de nuevo, Niji estaba allí, cruzando su cielo. Los latidos de su corazón fueron calmándose poco a poco, acompasándose al ritmo más lento de su respiración, antes entrecortada, lentamente, uniéndose a la tranquilidad y la quietud del momento en que su mirada se acostumbró a la oscuridad que empezaba a reinar tras la puesta del sol, en el cielo en el que volvió a encontrar su orígen y en los brazos donde se hallaba su final.
Su corazón percibió el lazo de unión profunda con el corazón del hombre que era su universo.
Eran dos colores vivos en un arco iris , en un cielo únicamente suyo, donde crear nuevos matices de una nueva y hermosa vida.

Se miraron a los ojos y los corazones volvieron a latir...

KOKORO : Corazón
SORAIRO : Color azul celeste (del cielo)
AKAI : Color rojo
KÎROI : Color amarillo
IRO : Color
MASSHIROI : Color blanco puro
KIMONO : Vestido tradicional japonés
KOUTA : Canción corta tradicional japonesa
NIJI : Arco Iris


Este relato es propiedad de su autora y está protegido

lunes, 28 de septiembre de 2009

KIMI O AI SHITERU


Yugure wa
Kumo no hatate ni
Mono zo omou
Amatsu sora naru
Hito wo kou to te


A la hora del ocaso
Las nubes se alinean como estandartes
Y pienso:
Esto es lo que significa amar
A uno que vive más allá de mi mundo





"Amo a un hombre único, tierno, poderoso y salvaje."
"Amo porque mi corazón me susurra que debo amar, deber que se impone a mi razón."
"Amo a un ser libre que no debe nada a nadie y que vaga errante dejando surcos en mi alma, vientos en mi cara, mariposas de vivos colores en mi vida solitaria."
"Amo, porque debo amarlo..."

Los campos de arroz estaban preparados para dar su fruto y los colectores venidos de todas las provincias circundantes se afanaban en buscar su sustento, ofreciendo sus manos y su trabajo.
Los hombres se dispersaron en las cuatro direcciones del viento, con pasos firmes y rápidos y agradeciendo a los dioses el resultado de sus esfuerzos a lo largo del duro año.

Takeshi, el recién llegado, terminó sus oraciones y se levantó el último, dejando que sus compañeros avanzaran primero hacia los campos abiertos, donde descansaba el preciado arroz.
Sus pensamientos eran oscuros e impenetrables, sumidos en la neblina de otros tiempos, en recuerdos de otra clase de servidumbre.
Tiempos de guerra, de luchas, de vencidos y vencedores.
Tiempos de cambio de otra clase de esclavitud.

En mitad de sus evocaciones sobre un pasado cercano, alzó su mirada perdida y vio flores hermosas empezando a brotar a los lados del camino.
Una de ellas era diferente, más bonita que las demás, más enigmática y fragante, más llena de vida...
Miró a la mujer que caminaba entre la hierba húmeda, sus pies enredándose con los tallos de amapolas en flor, y con su sombrero de forma cónica ajustado en la cabeza, propio de las mujeres del campo.
Sus ojos... no podía distinguirlos con la claridad reinante del sol, pues los cubrían la sombra que le proporcionaba la paja que formaba el entramado de su sombrero de laboriosa trabajadora del arroz.

Takeshi detuvo su marcha y se quedó absorto, mirándola, rogando por que la mujer alzara la cabeza y lo mirara a su vez.

Ella era Kiharu, la noble dama que un día vistió kimonos de seda, la que perdió un mundo de antiguo esplendor. La que no reclamaba nada de lo que antaño fue suyo, sino la que agradecía el solo hecho de continuar viva.

Y en su ensoñación sintió una mirada cálida traspasando su viejo sombrero que le cubría los ojos, y sintió el impulso de alzar la cabeza y observar qué era lo que provocaba una reacción insólita en la mujer a la que todo le resultaba indiferente.

Así que, lentamente, echó el cuello hacia atrás y miró al horizonte...
Vio al hombre cercano a ella, al Ronin que la miraba descaradamente pero con respeto. A ella, una gran dama, o lo que quedaba de ella, en mitad de aquellos campos salvajes.

Sintió un repentino fuego abrasando sus pies, sus finos tobillos, sus muslos, su pecho, instalándose definitivamente en su rostro, tiñéndolo de un rubor sofocante y dejándola sin aliento.

El hombre de pelo largo, negro y brillante, que la miraba, que tenía frente a frente, despertó en ella, con sus negros ojos, un sentimiento único que desconocía, y sus manos comenzaron a temblar, lo que hizo que las escondiera tras la espalda.

El guerrero sin rumbo continuó mirándola, dejando que sus sentidos siguieran conociéndola, incomodándola, vagando por sus curvas como los rayos del sol pasean sin permiso a través de los rincones del mundo.
Porque para él, ella ya era su mundo.

Kiharu recobró la cordura y ordenó a sus piernas dar media vuelta y correr hacia la seguridad de su pequeña habitación, en la que se refugió, cerrando la puerta con fuerza, recostándose en ella y respirando con dificultad.
Mientras intentaba desprenderse de la mirada de aquel hombre atrapada en su piel y movía su cuerpo intentando escapar del sentimiento extraño que ocupaba ahora su corazón, le pareció recordar un brillo extraño en los ojos del ronin y el esbozo de una media sonrisa en sus labios.

Sus ojos... su sonrisa...

Todos los días a partir del encuentro transcurrían del mismo modo, en el mismo punto del camino, a la misma hora, los mismos minutos, bajo el mismo sol, bajo el influjo de los mismos sentimientos, día tras día...

La recolección del arroz tocaba a su fin.
Cuando el último grano fue recogido y almacenado, los trabajadores de los campos organizaron una gran fiesta.
Takeshi se miró al espejo que presidía su pequeña habitación y ordenó su negro cabello recogiéndolo en una cola de caballo, alisó sus ropas con sus callosas manos de duro trabajo y dura lucha y colgó en su cintura a sus fieles compañeras, su katana y su wakizashi, amigas en antiguas batallas.

Kiharu se miró en el espejo, herencia de sus antepasados, se ajustó el obi y enfundó en su cintura su naginata.

Ambos, hombre y mujer, salieron de sus humildes aposentos y se alejaron del ruido ensordecedor producido por la alegría del final de la cosecha.
Ambos, hombre y mujer, se dirigieron al punto de encuentro donde se conocieron, atraídos por un imán invisible, poderoso e irresistible.
Llegaron al mismo tiempo y se detuvieron en el mismo instante.

Takeshi habló:
- Soy un ronin, un paria, un errante sin Señor, sin hogar y sin futuro. No puedo ofrecerte, prometerte, ni darte nada, salvo mi vida, mi corazón y mi último aliento. -

Kiharu sostuvo su mirada y respondió:
- Soy una desterrada, mi mundo terminó y estoy sola. Soy una mujer abandonada y sólo puedo darte mi alma, mis pensamientos y mi último suspiro. -

Finos copos de nieve comenzaron a inundar los campos, pero un fuego abrasador inundó sus miradas.
Todo se lo habían dicho, y todo fue entregado.
Se acercaron el uno al otro como nunca antes se habían atrevido a acercarse, y se despojaron de sus armas, de sus ropas, uniendo sus vidas errantes, sin patria.

Su único país y universo fue el que ellos construyeron esa misma noche.
En el silencio, uno de los dos, o ambos, quién sabe, pronunció "kimi o ai shiteru".

Sus caminos perdidos se encontraron en un cruce sin retorno...

KIMI O AI SHITERU : Te quiero, te amo.
RONIN : Samurái que ha perdido al Señor al que sirve y vaga errante ofreciendo sus servicios como mercenario.
KATANA : Sable largo, espada del samurái.
WAKIZASHI : Segunda espada, más corta, que acompaña al samurái.
OBI : Cinturón que sujeta el kimono.
NAGINATA : Espada corta utilizada por las mujeres samurái.


Este relato es propiedad de su autora y está protegido