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martes, 19 de mayo de 2009

DANNA. El Protector



La profesión de Geisha es incompatible con el matrimonio. Las mujeres dedicadas al mundo del Karyûkai tienen absolutamente prohibido establecer un vínculo afectivo "oficial" con un hombre. Lo cual no impide que se casen, pueden hacerlo, pero antes deben abandonar su vida como geisha.

Lo que sí les está permitido es aceptar la ayuda y protección de un cliente habitual al que se le conoce como Danna y que asume los gastos de la geisha correspondientes a vestuario, casa, manutención, e incluso salda las deudas pendientes que tenga con la okiya que se ocupó hasta ese momento de sus necesidades y educación.
La geisha pasa a ser una esposa no oficial, y debe prestar especial atención a su protector frente a los demás clientes. Pueden existir relaciones sexuales entre ellos dependiendo del acuerdo al que hayan llegado. Esto no significa en absoluto que las geishas sean prostitutas, pues existen acuerdos en que no se contempla este aspecto. La misión de la geisha es únicamente ofrecer servicios relacionados con las artes.

En sus encuentros con el danna, la geisha deberá respetar y guardar silencio sobre todo lo que le cuente y no podrá revelar ninguna información recibida.

El aspirante a danna debe ponerse en contacto con la dueña de la okiya, la cual supervisará que el candidato disponga de una buena posición económica para asumir la protección de la geisha. Después se lo comunicará a ésta, la cual decidirá si acepta la propuesta o no. Nunca se produce un acuerdo directo entre danna y geisha, ni siquiera hablarán sobre ello, sino que será a través de la okasan como se cerrará el trato.

El acuerdo no es irreversible sino que puede romperse por decisión de cualquiera de las partes.