Shirageshi ni
Hane mogu chô no
Katami kana
A una amapola
Deja sus alas una mariposa
Como recuerdo
Achiko se desprendió de su kimono fuyu, lentamente, deshojando su cuerpo de la seda, como una flor deja caer sus pétalos, sabiendo que la miraba el desconocido que la seguía desde hacía tres noches de luna llena, sin descanso y sin tregua, sin decirle una sola palabra, tan sólo ofreciéndole su mirada llena de un sentimiento que no lograba definir ni averiguar su causa.
Siguió con el ritual y acarició con sus finos dedos el cuello rojo de su ropa interior, símbolo de su madurez marcado por la ceremonia del Erikae, su paso a un mundo de esplendor en el que ahora sería mimada y respetada. Su shikomi la ayudó a desprenderse del obi, susurrándole suaves palabras de admiración en el viejo dialecto de Kyoto, propio de la corte imperial, tan elegante y refinado que apenas podía entenderlo debido a sus humildes orígenes, aún debía enfrentarse a muchas horas de estudio.
Giró su blanco cuello marcado en "uve" por el oshiroi, el maquillaje de las artes y máscara para un rostro de porcelana, fino y joven, rasgando aún más sus oscuros ojos. Miró a través del espejo de la sombría habitación y volvió a verlo allí, quieto, el desconocido que la admiraba más allá del espacio que los separaba.
Se preguntó, como ya lo había hecho otras veces antes, quién sería ese hombre y qué era lo que buscaba en ella que tanto la miraba. Fijó sus ojos en los suyos y recordó, de pronto, una escena de su infancia.
-Achiko, a ver si puedes coger la pelota, va para tí!. Achiko se movió tímidamente, avergonzada.
-No puedo alcanzarla, ¡me da miedo!- respondió, sintiéndose aún peor de lo que ya se había sentido antes de comenzar el juego.
-Eres una foca, fea y gorda-, le recriminó con furia Miyako, la niña preciosa de cabellos largos y largas pestañas, pavoneándose frente a ella. -No puedes ir tras la pelota porque tu peso no te permite mover tus piernas, ay, por los kami, vete a casa y déjanos jugar de verdad, ¡esconde tu fea cara y no molestes más!
Achiko suspiró y retuvo una lágrima a duras penas, con gran esfuerzo. Respiró hondo y se dió la vuelta para regresar a su hogar, donde encontraría refugio para su tristeza. Pero antes de marcharse, percibió una mirada profunda atravesándole la espalda. Teika, su querido amigo la miraba con ojos oscuros y le mostró la palma de su mano. En ella, una retorcida y peluda oruga se agitaba buscando la liberación de la tierra firme.
Achiko miró perpleja a Teika, sus ojos rasgados preguntando el significado de aquella demostración.
Y Teika acercó la mano a su rostro y le habló:
-Achiko, tú eres como esta oruga, dicen que eres fea y gorda, como ella, pero sé también que cambiarás, que serás una bella mariposa, la mariposa del diablo, fuerte, ardiente, y yo estaré contigo, cuando llegue el momento. Véte, márchate y estudia, y algún día volveremos a vernos...
Achiko dejó de soñar con su pasado en el mismo instante en que sintió el frío traspasando la estancia.
Las ventanas se abrieron con un golpe sordo y mariposas azules invadieron la habitación, pareciendo buscar sus manos, sus dedos, algunas posándose en la seda de su kimono esparcido en el suelo.
El desconocido entró, se acercó como un susurro y se pegó a su espalda. Besó la "uve" de su fino y blanco cuello y le dijo al oído:
-Soy yo, Teika, y tú eres mi mariposa...
Relato dedicado a Noa -Trazos de mariposa-, siempre animándome para publicar estos pequeños cuentos, la más grande mariposa y excelente escritora.
AKUMA-CHÔ : Mariposa Diablo
FUYU : Invierno
ERIKAE : "Doblarse el cuello", ceremonia que marca el paso de Maiko (aprendiz), a Geisha.
SHIKOMI : Primera fase en el aprendizaje de Geisha, antes de ser Maiko (dura unos pocos meses). La Shikomi sirve a sus hermanas Maikos y Geishas, atendiéndolas en sus necesidades y encargándose de las tareas de la Okiya -casa de Geishas-.
OBI : Cinturón del kimono, largo para las Maiko, corto para las Geishas. Se anuda en la espalda y se necesita una persona para ajustarlo y después desanudarlo, pues consta de muchos metros de seda rígida.
DIALECTO DE KYOTO : Dialecto del japonés propio de la ciudad de Kyoto; es un dialecto hablado antiguamente en la corte del emperador, y, en la actualidad, se obliga a todas las aprendices de Geisha a hablarlo, por su refinamiento y elegancia.
OSHIROI : Maquillaje blanco de las Maiko, cubre el rostro y el torso, dejando una marca en el cuello en forma de "uve" o de tridente, según la ocasión, lo que les otorga un gran atractivo a los ojos de los hombres.
KAMI : Dioses shintoístas.
Haiku de Matsuo Bashô
Traducción de Antonio Cabezas.
Este relato es propiedad de su autora y está protegido


















