O-KAERI NASAI

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miércoles, 10 de marzo de 2010

AKUMA-CHÔ





Shirageshi ni
Hane mogu chô no
Katami kana

A una amapola
Deja sus alas una mariposa
Como recuerdo








Achiko se desprendió de su kimono fuyu, lentamente, deshojando su cuerpo de la seda, como una flor deja caer sus pétalos, sabiendo que la miraba el desconocido que la seguía desde hacía tres noches de luna llena, sin descanso y sin tregua, sin decirle una sola palabra, tan sólo ofreciéndole su mirada llena de un sentimiento que no lograba definir ni averiguar su causa.

Siguió con el ritual y acarició con sus finos dedos el cuello rojo de su ropa interior, símbolo de su madurez marcado por la ceremonia del Erikae, su paso a un mundo de esplendor en el que ahora sería mimada y respetada. Su shikomi  la ayudó a desprenderse del obi, susurrándole suaves palabras de admiración en el viejo dialecto de Kyoto, propio de la corte imperial, tan elegante y refinado que apenas podía entenderlo debido a sus humildes orígenes, aún debía enfrentarse a muchas horas de estudio.

Giró su blanco cuello marcado en "uve" por el oshiroi, el maquillaje de las artes y máscara para un rostro de porcelana, fino y joven, rasgando aún más sus oscuros ojos. Miró a través del espejo de la sombría habitación y volvió a verlo allí, quieto, el desconocido que la admiraba más allá del espacio que los separaba.


Se preguntó, como ya lo había hecho otras veces antes, quién sería ese hombre y qué era lo que buscaba en ella que tanto la miraba. Fijó sus ojos en los suyos y recordó, de pronto, una escena de su infancia.

-Achiko, a ver si puedes coger la pelota, va para tí!. Achiko se movió tímidamente, avergonzada.
-No puedo alcanzarla, ¡me da miedo!- respondió, sintiéndose aún peor de lo que ya se había sentido antes de comenzar el juego.
-Eres una foca, fea y gorda-, le recriminó con furia Miyako, la niña preciosa de cabellos largos y largas pestañas, pavoneándose frente a ella. -No puedes ir tras la pelota porque tu peso no te permite mover tus piernas, ay, por los kami, vete a casa y déjanos jugar de verdad, ¡esconde tu fea cara y no molestes más!

Achiko suspiró y retuvo una lágrima a duras penas, con gran esfuerzo. Respiró hondo y se dió la vuelta para regresar a su hogar, donde encontraría refugio para su tristeza. Pero antes de marcharse, percibió una mirada profunda atravesándole la espalda. Teika, su querido amigo la miraba con ojos oscuros y le mostró la palma de su mano. En ella, una retorcida y peluda oruga se agitaba buscando la liberación de la tierra firme.

Achiko miró perpleja a Teika, sus ojos rasgados preguntando el significado de aquella demostración.
Y Teika acercó la mano a su rostro y le habló:
-Achiko, tú eres como esta oruga, dicen que eres fea y gorda, como ella, pero sé también que cambiarás, que serás una bella mariposa, la mariposa del diablo, fuerte, ardiente, y yo estaré contigo, cuando llegue el momento. Véte, márchate y estudia, y algún día volveremos a vernos...

Achiko dejó de soñar con su pasado en el mismo instante en que sintió el frío traspasando la estancia.
Las ventanas se abrieron con un golpe sordo y mariposas azules invadieron la habitación, pareciendo buscar sus manos, sus dedos, algunas posándose en la seda de su kimono esparcido en el suelo.
El desconocido entró,  se acercó como un susurro y se pegó a su espalda. Besó la "uve" de su fino y blanco cuello y le dijo al oído:
-Soy yo, Teika, y tú eres mi mariposa...


Relato dedicado a Noa -Trazos de mariposa-,  siempre animándome para publicar estos pequeños cuentos, la más grande mariposa y excelente escritora.

AKUMA-CHÔ : Mariposa Diablo
FUYU : Invierno
ERIKAE : "Doblarse el cuello", ceremonia que marca el paso de Maiko (aprendiz), a Geisha.
SHIKOMI : Primera fase en el aprendizaje de Geisha, antes de ser Maiko (dura unos pocos meses). La Shikomi sirve a sus hermanas Maikos y Geishas, atendiéndolas en sus necesidades y encargándose de las tareas de la Okiya -casa de Geishas-.

OBI : Cinturón del kimono, largo para las Maiko, corto para las Geishas. Se anuda en la espalda y se necesita una persona para ajustarlo y después desanudarlo, pues consta de muchos metros de seda rígida.
DIALECTO DE KYOTO : Dialecto del japonés propio de la ciudad de Kyoto; es un dialecto hablado antiguamente en la corte del emperador, y, en la actualidad, se obliga a todas las aprendices de Geisha a hablarlo, por su refinamiento y elegancia.
OSHIROI : Maquillaje blanco de las Maiko, cubre el rostro y el torso,  dejando una marca en el cuello en forma de "uve" o de tridente, según la ocasión, lo que les otorga un gran atractivo a los ojos de los hombres.
KAMI : Dioses shintoístas.


Haiku de Matsuo Bashô
Traducción de Antonio Cabezas.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido

domingo, 17 de enero de 2010

JISEI NO KU




Shi o mae
Ni shuzushii kaze

El viento frío, indiferente,
pasa ante la muerte


Soy un guerrero, un soldado.
Sirvo a mi Señor desde tiempos remotos, eternos, continuando la tradición de mi familia, depositario de secretos y saberes prohibidos.
Soy un guerrero y hoy dejaré de existir.

Mi cuerpo y mi alma se forjaron bajo las enseñanzas de mi padre, samurái del antiguo clan Minamoto. Mis músculos se desarrollaron con los entrenamientos de los viejos sensei de nuestro ejército, para proteger nuestro mundo y conseguir sobrevivir a los acontecimientos, duros y oscuros que se cernían sobre todos nosotros.

Mis brazos sostienen mi katana en un último entrenamiento, en un desahogo de mi mente que espera, asustada, su final, su último combate, su encuentro con los kami, los protectores de mi hogar...

Recibo con alegría el último soplo del viento en mi cara, los últimos besos del sol, el aroma del cerezo, bendito sakura. Cierro los ojos y respiro profundamente, silenciosamente, mientras pienso en las últimas palabras que dejaré, en mi Jisei No Ku, y mis manos tiemblan...

Recuerdo a Haha susurrándome al oído:
-Hijo querido, eres el heredero de una gran dinastía, el llamado a proteger y guardar las puertas de un mundo especial, grande y poderoso; el imperio del sol naciente, sus territorios, su cielo de nubes llenas y de un sol rojo, cálido y lleno de vida. Un mundo que jamás se extinguirá...hijo mío, eres un privilegiado, guarda con tu vida a tu país y a sus tradiciones, y, cuando llegue el momento, sé capaz de morir por tu pueblo.

Vuelvo a suspirar recordando las sabias palabras de mi madre.
Ahora, en las últimas horas de mi vida pienso en lo que fue mi existencia, en las vidas que segué con Arashi, mi eterna compañera, mi fiel amiga.
La muerte me sigue adonde quiera que yo vaya. Como una fuerza de la naturaleza, no puedo evitarla. La enfrento, la esquivo, pero siempre me alcanza.
-No te quiero, no te necesito-, le digo al viento deseando que le llegue mi mensaje.
-¿Por qué insistes en viajar conmigo? si lo que deseas es hacer íntimos amigos, no me permitas intervenir, no cuentes conmigo. Si quieres almas, búscalas por tu cuenta, déjame que camine solo.



La muerte me acecha, la siento, la oigo, la puedo oler...
Espero que me permita continuar con mis recuerdos un poco más, unos minutos más.

Me inclino ante el altar de oración. Mi espada corta, mi fiel wakizashi, descansa sobre una tela blanca, inmaculada. Su filo brilla como la luz del sol naciente, fuerte y poderosa, luz eterna portadora de vida, la que deberá llevarse mi existencia y mi último aliento.

Siento ahora el frío en mis manos, el viento que sopla en mi cuello y mi corazón se para unos instantes. Resisto, con la imagen de mis soldados enfrentándose a la batalla. Mi padre orgulloso, mirándome con aprobación desde la altura que le proporciona el estar sentado sobre su hermoso corcel negro.
El enfrentamiento va a comenzar; hombres contra hombres, luchando por lo que cada cual cree que es justo, katanas quitando vidas, cortando cabezas, miembros, sangre bañándo mi cara, las caras de mis hombres.
La inquietud se apodera de nuestras filas. La noche se cierra como un enemigo más, las sombras cubren nuestras armas, nuestras monturas, nuestras almas.
Todo está perdido, sólo me queda una salida, la más noble, la que mantendrá mi honor y el de mi familia.

Por ello, acudo al Seppuku; por ello, dejo mis últimas palabras en mi Jisei No Ku.

-"A los dioses clamo en mis últimas horas de vida en este mundo.
Mis pensamientos los entrego a mis antepasados, en los que busco cobijo.
Mi vida fue del Imperio, a él entregué mi corazón, y por él, vertí mi sangre y la de mis hombres.
Por mi pueblo, derramo hoy también mi sangre, definitivamente, con el pensamiento de que inunde las tierras por las que luché, para que crezcan fuertes, hermosas y salvajes.
Mi vida entera la ofrezco, mi muerte la acompaña; un sacrificio dispuesto para salvar lo mejor de mi mundo, de mi país y de su gente.
Deseo que permanezcan nuestras tradiciones, que surjan nuevos sensei, que instruyan, enseñen, eduquen a nuestros hijos; que les iluminen en la creencia de que algún día, un nuevo sol, más luminoso que el nuestro, acogerá a todos los pueblos en un gran abrazo.
Pido a los dioses de mi país que acojan mi alma, que la acunen entre sus brazos como hizo mi madre al nacer yo; pido alcanzar la sabiduría de mis ancestros, ser un Eirei más, recibido con alegría.
Quiero ser un espíritu más en el cielo de nuestros antepasados..."

Bajo la mirada hacia mi Wakizashi, la tomo en mis manos y la acerco a mi vientre...
En un suspiro, estaré con el Sol Naciente...

JISEI NO KU : Poema que redactaban los samuráis antes de la comisión del Seppuku
SENSEI : Maestro
KATANA : Espada larga del samurái
KAMI : Dioses shintoístas
SAKURA : Cerezo 
HAHA : Madre, mamá
ARASHI : Tormenta
WAKIZASHI : Segunda espada del samurái, más corta que la katana.
SEPUKKU : Ceremonia del suicidio, en occidente se la conoce como Hara-kiri
EIREI : Espíritu sagrado.

Este relato está dedicado a Xibeliuss, protector y defensor de su tierra, Sanabria, como un antiguo samurái, creo que sería capaz de defenderla hasta la muerte.


Este relato es propiedad de su autora y está protegido

miércoles, 18 de noviembre de 2009

HAHA, MUSUME






Tsumazuite
Kawaii take no ko
Kao o dashi



Me he tropezado con...
Un lindo brote de bambú
Que asoma su cara







No podía apartar los ojos de su rostro...
En la noche clara, en el centro de la estancia iluminada por la luz de la luna llena, vió su carita ausente, llena de un abrumador sueño.
El frío invadió el espacio transportándola al infinito futuro incierto, claro en sus orígenes, oculto a su entendimiento, deseando el sol más hermoso para su pequeña Luna.
Acarició el rostro inocente que no cesaba de mirarla, tan parecida a ella, y la abrazó; suspirando, intentó apartarse de su cuerpo frágil sin conseguirlo, pero tampoco deseaba hacerlo.

Olió su aroma intentando retenerlo en su memoria, para no olvidarlo nunca, y cogió el peine de plata que descansaba en el tocador para poner orden en la maraña de cabellos que cubría su pequeña cabeza.
Alisó su pelo, tocó los mechones finos deslizándolos entre sus dedos, sedosos y suaves, los hubiera estado tocando toda una eternidad. Acercó la boca a su pequeño oído y empezó a cantarle la vieja nana que aprendió siendo niña de labios de su obâsan:

Quiso alcanzar la flor de Sakura
Y no lo consiguió
Quiso alcanzar la mariposa
Y no lo consiguió
Quiso abrir la mano y atrapar al ruiseñor
Y no lo consiguió
Pidió ayuda a los dioses para alcanzar las nubes
Y el Sol respondió:

"Niña bonita, Blanca Luna,
Tu mano inocente mecerá mi cuna"

Y la mano de Luna acarició el Sol
Y se sintió segura
La flor de Sakura, la mariposa y el ruiseñor
Cayeron en su regazo
Regalo de amor


Se desprendió del kimono y la abrazó con la suave seda, protegiéndola del frío.
Volvió a mirarla y acarició su carita, sus ojos rasgados se rendían a la llamada del sueño. La pequeña inclinó la cabeza hasta que descansó sobre su pecho y cerró los párpados poco a poco.
La acunó despacio, con un lento balanceo del cuerpo y del corazón, sintiendo su respiración lenta y acompasada.
Y continuó cantando la vieja nana:

Quiso alcanzar la rosa
Y no lo consiguió
Quiso lanzar un beso
Y no lo consiguió
Quiso abrir la mano y atrapar el calor
Y no lo consiguió
Pidió ayuda a los dioses
Y el frío alejó

La rosa, el beso y el calor
Cayeron en su regazo
Y el mundo cambió

Mi Blanca Luna, mi ruiseñor
Volando en el cielo
Estaremos tú y yo


La sombra del Sakura cobijó sus cuerpos dormidos...


HAHA: Madre (sentido cariñoso)
MUSUME: Hija (sentido cariñoso)
OBÂSAN : Abuela
SAKURA: Cerezo
KIMONO: Vestido tradicional japonés

Este relato está dedicado a Mª Dolors García Pastor (La Bruja de Clará, el enlace lo encontraréis en el lateral, espacio "Occidente") y a su hija Lluna (Luna), por despertar mi inspiración. Gracias con todo cariño.

Este relato está protegido y es propiedad de su autora

sábado, 1 de agosto de 2009

MANEKI NEKO





Atsui kara hei
O aruite neko ochita



Un gato caminando sobre la tapia
Se ha caído por el calor






La cueva abrió sus puertas al mundo exterior con la nueva luz del amanecer, permitiendo a los primeros cálidos rayos de sol alcanzar las frías y húmedas paredes del camino al inframundo de Hakkiri, la Bruja más poderosa y temida de Hokkaidô, el Camino del Mar del Norte, la isla de aguas calientes, fría, eterna y mágica...

Desde el sur, una brisa calma y extraña arrastraba consigo aromas de Sakura en flor y unos ojos rasgados no humanos observaban con detenimiento las partículas traídas a través del aire.

Una mirada astuta e inteligente, conocedora de otros tiempos, anidaba en el cuerpo físico del animal, en su cabeza, en su pecho, en sus patas, atrapando el alma y el espíritu de Bastet, la cual recibía con estremecimiento los rayos de sol tan familiares y acariciadores...

La diosa se recreó con intenso placer en el nuevo día filtrándose entre las nubes blancas del alba. Recordó la vieja lucha con Sekhmet, su antagónica personalidad y alzó una de sus patas al viento, sintiendo su agradable frescor. Sus largos bigotes arañaban y percibían aromas venidos de lejos, de muy lejanos lugares añorados, de tiempos acaso remotos también en su memoria, tiempos de alegría, buena fortuna y prosperidad.

Ella era Bastet, estaba allí y era la diosa de la suerte...

Su juicio acompañaba a la Majo desde hacía siglos, postergando el sufrimiento que supondría la visión del futuro para los hombres, futuro vedado a ojos humanos, claro como el alba que despuntaba para sus ojos felinos, ojos verdes color Camino del Mar del Norte, enigmáticos y embriagadores. La sabiduría se veía asomándose cauta en sus pupilas, oteando el espacio y absorviendo conocimientos infinitos, haciéndose más grande su comprensión del mundo y del inframundo, de la bondad y la maldad, apreciando quién, de entre los seres vivos existentes en la Tierra, podrían ser merecedores de la buena fortuna que ella poseía.

Maneku erizó el pelo de su lomo y se arqueó al percibir una presencia extraña, Sekhmet habló susurrando en sus oídos, hirviéndole la sangre. De su boca surgió un ronco bufido, en alerta sus felinos sentidos y sus zarpas prestas al ataque. Aspiró el aroma de la brisa y observó cauta y tranquila. Sintió la presencia del hombre aproximándose a la cueva y conoció su espíritu... Masutani llegaba desde la vida oculta, el soldado que ofreció su vida y su alma, venía en busca de consuelo para los suyos, pues él no quería nada para sí, alcanzada ya la gloria con su muerte. Hizo callar la voz de Sekhmet y sacudió la cabeza, librandose de su violenta influencia.

La diosa se alzó sobre sus patas traseras levantando las dos manos, dando la bienvenida, y aguardó la súplica del guerrero. Éste no habló, únicamente se inclinó ante ella y depositó a sus pies sus pertenencias más sagradas, su petición de protección y fortuna para su familia.
La gata recogió las cintas del honor y miró al hombre, prometiéndole que las llevaría al lugar al que pertenecían, devolviendo la paz y la tranquilidad a quienes lloraban por él y otorgándoles una fortuna merecida por el desconsuelo y la fortaleza mostradas.

El espíritu del soldado voló con el viento, dejando caer una flor de Sakura. La diosa la miró, recogió las prendas de honor y coraje y emprendió rauda el camino hacia el bosque, buscando, atrapando en sus sentidos el olor de los descendientes merecedores de la suerte de Masutani.

Encontró en esa mañana, a quien otorgar la dicha y la fortuna de la que era su mágica portadora desde que el Mundo es Mundo...

Como era su deber y como debía suceder...


MANEKI NEKO : Gato de la suerte o gato de la fortuna
HAKKIRI : Decir las cosas con claridad
HOKKAIDÔ : Segunda isla de Japón
SAKURA : Cerezo, flor del cerezo, emblema de Japón
BASTET : Diosa egipcia de la protección del hogar, de la armonía y la felicidad, personificación de los rayos del sol, representada por una mujer con cabeza de gato
SEKHMET : Diosa antagónica de Bastet, simboliza la parte maligna y violenta del sol, representada por una mujer con cabeza de leona
MAJO : Bruja

Nota de la autora: Maneki procede del verbo Maneku, que en japonés significa "invitar a pasar" o "saludar". Neko significa "gato". Juntos significan, literalmente, "gato que invita a entrar". Según la tradición japonesa el mensaje que transmite el gato alzando su pata es: "Entra, por favor, eres bienvenido".
El Maneki se representa con la pata derecha levantada, significa que trae prosperidad y dinero. Con la pata izquierda levantada, significa que atrae visitas. Con ambas patas levantadas, protege al hogar. también existen en diferentes colores según sobre que circunstancia se quiere atraer la buena fortuna (negocios: plata o dorado; amor: rojo; cumplir los sueños: azul; fortuna a los viajeros: tricolor -blanco, negro, naranja- llamado Calico, y muchos otros más).
Se ve frecuentemente en tiendas, restaurantes y otros negocios y en la pata derecha se le coloca una moneda antigua llamada Koban. Lleva un collar con cascabel para ahuyentar los malos espíritus y se elabora en porcelana y cerámica.
Las referencias en el relato a las diosas egipcias Bastet y Sekhmet son debidas a que creo personalmente que religión y creencias diferentes, de pueblos diferentes, están íntimamente relacionadas, y que, en el fondo, todas se refieren a un mismo estado espiritual, emocional e intuitivo del ser humano, que le lleva a creer en las mismas cosas, aunque les pongan nombres distintos.
Existen muchas leyendas sobre el Maneki Neko... ésta es la mía.

Relato dedicado a "Miso" (Cuquiño), el gato de Sidel , y a los dos felinos que pasaron por mi vida y la hicieron más feliz, "Gato" y "Kiss", siempre en mi corazón.

Relato especialmente dedicado a Nieves Hidalgo, escritora y amiga, por su cariño y su apoyo. Que Bastet te cuide y proteja siempre.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido

sábado, 9 de mayo de 2009

GUERRERA DEL ALBA




El Viento, La Espada
El Sol, La Mañana
La Noche no existe
Soy Guerrera del Alba


Carolina


Apuntaló la espada fuertemente en el suelo y secó el sudor de su frente que caía a borbotones debido al esfuerzo extenuador.
Miró el campo de batalla abarcando con su vista los cientos de cadáveres y se lamentó de que hubieran tantas bajas entre los suyos y sintió dolor por ellos y también por sus enemigos.
El terreno estaba teñido en rojo sangre cuyo olor le invadió las fosas nasales, un olor acre, duro y oscuro, a hierro corrupto.
Inclinó la cabeza y murmuró una oración por los caídos y por ella misma, pues era muy posible que sucumbiera en la próxima batalla.

Con furia creciente alzó la mirada y gritó al cielo, de su garganta surgió un grito desgarrador. Lágrimas brotaron de sus ojos en cascada mezclándose con el barro y la suciedad que cubrían su rostro. Los fuertes sollozos provocaron en ella latidos entrecortados del corazón, llenos de ansiedad. La soledad se hizo patente y real. Su existencia como samurái, la única mujer guerrero en un mundo de hombres la había convertido en un ser silencioso y apagado, falto de compañía y calor.

A su oído llegó el crujido de ramas quebrándose y una sombra se deslizó furtivamente tras su espalda, fugaz como el viento.
Desenterró la katana de la fría y oscura tierra y con un rápido movimiento giratorio la acercó a su cara, protegiéndose, en guardia esperando el ataque. Cerró los ojos un segundo, el necesario para percibir la procedencia del enemigo, y volvió a abrirlos.
Escuchó el zumbido del sable cortando el aire y alzó los brazos para detener el golpe, que fue brutal. Logró interceptarlo, pero un dolor intenso se adueñó de sus miembros por la fuerza del impacto. Sus ojos se llenaron de la luz surgida de las diminutas chispas provenientes de los filos de las espadas entrechocando con furia.
El sonido era demoledor y perdió el equilibrio, hincó la rodilla en el suelo y se concentró en volver a levantarse, giró el sable hacia atrás, hacia delante, y descargó su poder letal profiriendo un grito de guerra.
El enemigo detuvo su golpe y contraatacó a su vez, sin piedad, mientras ella ejecutaba un perfecto círculo sobre sí misma volviendo a levantar el arma. Sin mirarlo, volvió a girar y protegió su espalda, adelantó su mano izquierda al frente, con la palma en posición vertical en señal de espera, y con la derecha en posesión de la empuñadura apuntó hacia su objetivo. Recibió como respuesta un cuerpo en movimiento dirigiéndose rápido hacia su espacio. Se agachó y rodó sobre las duras piedras sintiendo cómo arañaban su cuerpo, lacerando su fina piel. Nuevamente se alzó del suelo deprisa, protegiendo su cara con la longitud del arma pegada a su nariz y las dos manos asiendo firmemente la brillante hoja afilada.

El soldado la miró largamente, en suspenso, caminando frente a ella, encerrándola en un círculo sin final, hechizado por su coraje y su técnica. Limpió la tsuba de la sangre acumulada, bajó la espada y la enfundó, para después alzar las dos manos indicando una tregua. Le hizo saber a través de un mudo lenguaje que detuvieran la lucha y se sentaran en silencio.

Indecisa, accedió a su propuesta pero sin abandonar a su compañera, a la que abrazó a su pecho. No apartó la mirada de él, temiendo un ataque a traición y respiró lento y profundo, esperando...

Uno junto al otro se sentaron en el húmedo suelo, sin atrever a mirarse, él primero, ella después, y tras un largo y eterno tiempo de silencio, el hombre habló:

- Llevo tiempo buscándote. Quiero vivir y morir contigo...

No podía respirar, no podía creer que había escuchado palabras tan insólitas de un desconocido, enemigo y rival. Tomó aire para decir algo, pero no supo encontrar las palabras y calló nerviosa, cerró la boca completamente azorada.
Más allá de las palabras que no lograban surgir, encontró fuerzas para aproximar su mano a las suyas, que descansaban en sus rodillas. Las cubrió y acarició, entrelazando los dedos que empezaban a conocerse, las tomó para sí, aproximándolas al corazón, y arrastró su cuerpo, obligándolo a ponerse en pie. Buscó su caballo, lo llevó hasta el animal, preparó y acondicionó su montura, puso su pie en el estribo y se alzó en el aire para dejarse caer en la silla.

Lo miró, le tendió la mano y lo invitó a acompañarle en su próximo viaje. Él aceptó y subió tras ella, las espadas, juntas, descansaban en las alforjas. La abrazó con delicadeza y apretó la frente contra su nuca, aspirando su olor. La guerrera del alba miró al horizonte en calma, espoleó a su caballo, y con la luz del nuevo sol, inició el camino...

KATANA : Espada japonesa
SAMURÁI : Guerrero
TSUBA : Guardamanos de la espada

Relato dedicado a Naoko Hatake

Este relato es propiedad de su autora y está protegido

lunes, 4 de mayo de 2009

GOKAN




Toca y sentirás
Escucha y oirás
Mira y verás


Carolina



      En el silencio de la noche del Nanoka, sus dedos se resintieron al fin por las muchas horas que llevaba escribiendo sin tregua.
      La vela se consumía poco a poco dejando sin luz sus maltrechos ojos, doloridos por la falta de sueño y descanso.

      Dejó la pluma a un lado y se frotó la cara con ambas manos intentando alejar el cansancio que la tenía exhausta y que se apoderaba de su mente a cada minuto transcurrido en duermevela.
      Su sentido del tacto se hallaba adormecido, como ella. Movió los dedos de las manos, los abrió, los encogió y los estiró, hasta que un hormigueo de sensibilidad retornó a sus entumecidas compañeras. Tocó el papel sobre el que escribía y éste se movió en un giro extraño pareciendo cobrar vida...

      Sobresaltada, se levantó del frío y áspero suelo, dió un paso hacia atrás y derramó sin querer la tinta en la dura superficie, oscureciendo la madera. La mancha tomó una forma antinatural e inundó rápidamente la fina hoja amarilla en la que trabajaba, y de pronto, sus ojos empezaron a ver cosas que no debían ver...

      La media luz de la vela, tramposa y enemiga, empezó a hacer bailar los Kanji, formando pensamientos reveladores, únicos e indescifrables. La antigua escritura de los sensei se hacía visible ante sus ojos, y los secretos guardados durante siglos dejaban de ocultarse, en un parto prematuro de letras y conceptos enigmáticos, viejos como el mundo, que ascendían desde la oscuridad remota de los tiempos. Los Kanji formaron una idea desconocida hasta entonces y el miedo se adueñó de su cuerpo, manifestándose en un temblor incontrolable.

      Cerró los ojos ante lo que no debía ver, y con la privación del sentido, otro ocupó su lugar con más fuerza, y escuchó con su fino oído una letanía lejana venida a través del tiempo:

Debes ver lo que ves, pues lo que no ves
no ha de existir
Debes ser el reflejo de lo que ha de venir
Y detener en el tiempo lo que nunca debió ocurrir


      Abrió los ojos, aturdida, sus manos apenas despertando, sus ojos viendo cosas prohibidas, sus oídos apremiándola a escuchar... Se asustó tanto que quiso hablar, preguntar en voz alta qué era lo que estaba sucediendo, por qué ahora y por qué ella, pero sus labios empezaron a entonar una extraña canción que escuchó a través del viento:

Presente ves y sientes
Pasado viste y sentiste
Futuro verás y sentirás
Qué nos aguarda
La muerte quizás


      Su boca se tornó amarga ante el cántico, e intentó detenerlo pero no pudo. La revelación de los sentidos la dejó fluir como agua muerta y percibió un profundo olor viejo y penetrante, el olor de los siglos pasados y futuros.
      Su mente estaba abriéndose al mundo, los cinco sentidos en alerta, y despertó en su interior el poder del Dairokkan, escondido en las brumas de la memoria, agazapado en las sombras de su consciencia para iluminar el instante crucial de su vida, sintiéndolo llegar en la distancia en un auténtico y despiadado ataque frontal.

      Se entregó a él sin reservas y a través de ese magnífico poder se abrió el paso a una nueva dimensión y sintió la atracción del círculo de la vida, eterno e infinito, quedando atrapada en su rueda de existencia.
Descubrió todo lo que le era desconocido, lo incomprensible cobró sentido. Se hizo fuerte como el roble, liviana como las nubes, rápida como el viento. El águila se adueñó de sus ojos, el oso de sus manos, el lobo aspiró el aire que la rodeaba, escuchó el latido de la Tierra y su boca sintió el sabor de Mares y Océanos... se fundió en cuerpo y alma con el Universo, formó parte del Todo y de la Nada, de la Vida y de la Muerte y percibió, en lo más profundo de su Dairokkan, el fin de los tiempos...

GOKAN : Los cinco sentidos
NANOKA : Día 7
KANJI : Caracteres de la escritura japonesa
SENSEI : Maestro
DAIROKKAN : Sexto sentido

Relato dedicado a Belén

Este relato es propiedad de su autora y está protegido

martes, 28 de abril de 2009

EL BOSQUE DE LOS SUEÑOS






Qué verde el bosque, qué oculto el sol
Qué hermosa la noche,
la luna, el sauce y la flor

(Carolina)



Érase una vez, en un lejano tiempo de un Japón oscuro y sombrío, donde los samuráis dormían pegados al frío acero de su espada, donde los señores feudales regían los destinos del Imperio y las geishas cantaban a la mañana arropadas bajo vestidos suntuosos, en ese tiempo de desencuentros y pasiones violentas, vivía una joven cuyo único deseo era estudiar como los hombres, acceder al conocimiento de las cosas que le estaba prohibido por su condición de mujer.

En ese tiempo remoto sus horas de juegos y estudio eran compartidas con los habitantes del frondoso bosque, denso y silencioso, que se alzaba majestuosamente en el horizonte, más allá del arroyo que cruzaba la propiedad del Shogún a quien servía desde que nació, o más exactamente, desde que su razón la hizo comprender cuál era su destino y cómo podría cambiarlo, intentando quebrantar lo menos posible las reglas por las que su vida y el mundo se regían hasta entonces.

El bosque se convirtió, con el paso de los años y sin quererlo apenas, en su refugio natural y necesario confidente. El tiempo allí transcurría despacio y placenteramente, sin sobresaltos. A escondidas, tomaba prestados los libros de la gran biblioteca de su Señor, volúmenes vetustos, pesados y polvorientos con los que apenas podía cargar. En la profunda quietud del bosque los abría, los acariciaba y aspiraba su olor.
Después de este ritual los leía en voz alta y memorizaba las enseñanzas que de ellos se desprendían, las hacía suyas procurando retenerlas y escribía sobre ellas. Historias de hombres, mujeres, pueblos y sucesos, todo era asimilado por su mente y todo era atesorado en algún rincón oculto de su memoria, esperando que el recuerdo escondido viera la luz algún día.

Y todo el Saber acumulado durante años transformó su modo de entender las cosas. El conocimiento provocó en ella el deseo de saber más, de querer alcanzar la luna, volar a las estrellas y adentrarse en la flor. Leer aquellos mágicos libros la trasladaron a épocas remotas y distintas y la hicieron forjarse una opinión propia sobre la realidad de las cosas. Fue consciente del Saber adquirido en esas horas de soledad, viajando en el tiempo a través de miles de hojas amarillas.

-"Watashi wa gakusei desu", se dijo en un murmullo y los animales del bosque asintieron con un movimiento imperceptible de sus cabezas.
En ese instante, el bosque, su misterioso compañero, su refugio infantil y todos los que moraban en él, se convirtieron en cómplices de sus sueños, las ramas de los árboles la abrazaron, la arroparon las raíces de los sauces, las verdes hojas le dieron sombra y le permitieron ver los rayos del sol. Las piedras y guijarros del suelo le ofrecieron su apoyo, las aves crearon un techo para cobijarla, abejas laboriosas trajeron miel para su sustento, ciervos, osos y conejos abrigaron su cuerpo, mariposas y colibrís de increíbles colores abanicaron sus alas para darle frescor, un samurái cerró el camino al bosque y el halcón alzó el vuelo más allá de las blancas nubes para vigilar su descanso...

Se fue quedando poco a poco dormida, el inicio de una sonrisa cruzando el rostro. Estaba en casa, en su querido bosque.
El bosque de los sueños... cumplidos.


SAMURÁI: Guerrero al servicio de un Señor feudal
SHOGÚN: Señor feudal, gobernador de Japón en la Edad Media
WATASHI WA GAKUSEI DESU: Expresión que significa "soy estudiante"

Relato dedicado a Sidel

Este relato es propiedad de su autora y está protegido