O-KAERI NASAI

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sábado, 3 de abril de 2010

RAN. Capítulo III "MORI" 森. Los Sonidos del Bosque.



Suzukaze ya
Kokû ni michite
Matsu no koe

Un viento fresco
Llenando el firmamento
Voces de pinos

En la otra orilla,
tras dos antiguos tori...
el sonido del bosque
Kotori



    Hanako se dejó llevar...sus pequeños pies apenas rozaban el suelo de los jardines de Kiyoshi, se sentía flotar atrapada en un abrazo inmortal y etéreo, olvidando por un momento su preocupación por los futuros acontecimientos; se sentía lánguida, abandonada y apretada contra el pecho del hombre que llenaba su corazón, y no quiso pensar más, no mientras disfrutaba de ese momento tan íntimo, tan intenso, que pensó que más le valía a su corazón estallar en ese mismo instante de placer, o dejar de latir de una vez, sintiendo y oliendo el perfume de magnolia que desprendía el soldado que la arrastraba hacia quién sabe dónde, pues ya no importaba nada, nada,... salvo estar entre sus brazos.
    Cabalgaron sobre Kamikaze, el veloz y resistente corcel negro de Takeshi, joven y fiel compañero en la batalla, resoplando con furia, sin parecer necesitar un descanso, adquiriendo, durante el galope, un color plateado debido al sudor acumulado en sus flancos.
    Hanako sintió cómo el caballo se detenía bruscamente, sintió el deslizarse de su cuerpo contra otro cuerpo sólido, y percibió de pronto el roce de un suelo áspero bajo sus pies, y sus sentidos despertaron de la profunda languidez que se había adueñado de ella hacía unos momentos, tan gratos, que maldijo para sí misma el que hubieran terminado tan pronto.
    Hanako escuchó a su corazón, su maldito y débil corazón, latir con una fuerza increíble en el instante en que miró al samurái que atrapó su cuerpo como imaginó en sus sueños, salvo que ahora esos sueños eran realidad; sintió su rostro enrojecer bajo la mirada del hombre, y recorrió con sus ojos negros el perímetro oscuro del círculo de árboles frondosos y verdes donde se encontraban, sin comprender por qué se hallaban ahí, en ese lugar y en ese momento.

    Takeshi la observó con detenimiento, deleitándose en su hermosa cara, alzó su mano, grande y fuerte, plagada de cicatrices testigos de años de lucha, de guerras y heridas que la tsuba de su fiel Jigoku no pudo contener, aunque los dioses bien sabían que debían proteger a tan gran soldado, pero el destino tenía sus propios planes. Takeshi llevó su mano hacia el rostro de Hanako y sus dedos rozaron su suave mejilla, acariciando el rostro tantas veces amado y tanto tiempo deseado. Hanako se sintió turbada pero permitió la dulce invasión de los dedos de Takeshi sobre su rostro, sintiendo la emoción que todo ser humano siente cuando ama, por encima de todo, incluso de su propia vida.

    El fuerte samurái continuó su invasión y dejó que sus dedos se deslizaran por el cuello blanco de Hanako, mientras la miraba a los ojos, sosteniendo la respiración que amenazaba con ahogar todos sus sentidos, con eliminar de un golpe su miserable existencia; Takeshi fue más allá, introdujo su mano en el escote estrecho y prometedor del kimono de Hanako, encontrando la suave primavera de su interior, aquella que formaba una barrera invisible frente al invierno que les rodeaba, y la acarició, tiernamente, apoyando su frente en la de ella, absorviendo sus gemidos como agua de lluvia calmando su sed.  La hermosa concubina de su Señor se entregaba a él sin reservas, Hanako era suya, así lo sintió en ese momento, saboreando sus labios y tocando su cuerpo. En el momento en que las caricias se hicieron más audaces, Takeshi murmuró más para sí mismo que para Hanako, tiernas palabras llenas de una fuerte e indestructible pasión.

    -Hanako, mi pequeña, mi dulce flor, juro por mi vida que te amaré y protegeré siempre; desafío a los dioses que intenten separarme de tu lado, eres mi mujer y lucharé enfrentandome al dragón. No temo a la muerte, temo a una vida sin tí.

    El soldado curtido en mil batallas, el hombre leal al Imperio, sintió cómo la traición se adueñaba de su corazón, de su pensamiento, pero no podía evitarlo. Era el destino, el En Musubi, y no había forma de detenerlo.
    Su mano abrió un camino de fuego sobre la piel de Hanako, deslizándose con premura sobre la tibia superficie que cubría su corazón, sintiéndolo, escuchando los latidos que marcaban el transcurso del tiempo; un crujido estremecedor de la seda deslizandose, hizo que Hanako fuera consciente de su repentina desnudez y de las manos que la tocaban, tan tiernas, tan protectoras y acariciadoras...

    Hanako creyó que moriría cuando los fuertes brazos de Takeshi la alzaron del frío suelo y la hicieron flotar en un cielo de colores y estrellas desconocidas hasta entonces. La noche cubrió sus cuerpos apartandolos del mundo y de la historia que seguía su curso implacable; los besos se hicieron intensos, las manos abrían caminos nuevos, los gemidos de placer resonaron en la oscuridad y la luna cubrió sus cuerpos unidos en un solo cuerpo.
    Horas después, descansando el uno enredado en el otro, Hanako despertó de un sueño inquieto, el mismo de hacía unos días antes; perezosamente abrió los ojos, acarició suavemente el mentón de Takeshi, su fina barba empezando a crecer, sus negras y espesas cejas, sus largas pestañas y su fuerte nariz, deleitándose en sus rasgos marcados y agresivos, aunque no para ella, para ella eran tan dulces;  y lo despertó preguntandole:

    -Takeshi, ¿qué ocurre en el exterior?, ¿por qué mi Señor estaba tan angustiado y furioso?. No intentes protegerme, sé que algo importante está pasando más allá de la vida que conozco, y sé que el pueblo sufre y que los tiempos cambian. Dime, amor, dime qué está ocurriendo.
    Takeshi acarició su cabello negro, adoraba el tacto de terciopelo de su melena lisa y perfecta; admiró una vez más sus ojos negros de noche cerrada, su nariz pequeña y desafiante, sus párpados rasgados de mujer oriental, todo lo que ella era fue siempre lo que había soñado, y ahora ese sueño estaba allí, entre sus brazos, y le hacía preguntas que no sabía cómo responder.
    -Mi vida, -suspiró el samurái-, los tiempos son ahora difíciles. Nuestro Señor Ashikaga abandonó los cuidados del país y ahora los campesinos se rebelan y exigen un cambio. Creo que estamos ante el inicio de una gran revolución que no sé cómo terminará, ni a donde nos llevará.
    -Pero debemos prepararnos para el momento, no podemos ignorar los sentimientos del pueblo, yo...debo...ayudar, debo ir a palacio..
    Takeshi silenció las palabras de Hanako con un dedo en sus labios, la besó con fuerza y sujetó su nuca para retenerla cerca de sus labios.
    -Mi hermosa flor, juntos, esto que está ocurriendo lo pasaremos juntos; mañana partiré y averiguaré qué es lo que pretenden los daimyo, aún me quedan influencias entre los grandes señores y, sobre todo, entre sus soldados.


    El bosque pareció cerrar filas tras las palabras de Takeshi. Las sombras se hicieron intensas bajo la luz del atardecer, guardando los sentimientos y las preocupaciones del samurái. Quedaba tanto trabajo por realizar, tantas luchas y estrategias que planificar.
    Pero Hanako era importante en su mundo y debía protegerla, tanto como debía proteger lo que era justo, o lo que él creía que lo era.
    Un gran conflicto estaba a punto de estallar y Takeshi no quería, ni sabía cómo afrontarlo.
    Pero lo que él no podía conocer era que, quizás, los dioses jugaban con el destino de los hombres haciendo trampas, y que, posiblemente, tenía todos los tantos a su favor...


RAN : Caos, miseria
MORI  : Bosque.
KIYOSHI : Tranquilidad.
KAMIKAZE : Viento divino.
TSUBA : Guardamanos de la Katana; protege a las manos de cortes durante el combate.
JIGOKU : Infierno.
EN MUSUBI : Encuentro de destinos, equivale a un matrimonio "de hecho".
DAIMYO : Señores feudales.

Haikus:
Uejima Onitsura (1661-1738). Traducción: Antonio Cabezas.
Mercedes Collado -Kotori-.

Nota de la autora: Gracias a Mercedes Collado -Kotori- por dejar que "le robe" sus increíbles haikus; para conocerla: El reflejo de Uzume, hermoso blog de haikus. Hajimemashite, Kotori-san, dômô arigatô gozaimasu,  por tu generosidad, un abrazo muy grande y espero que me permitas continuar robándote tus haikus, tan fantásticos y tan inspiradores.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

12 Hablan los Danna:

Arena dijo...

Sin duda , apasionado ,dulce, delicado... tierno. Espero la continuación.
Un Hôyô Carolina

Mercedes dijo...

¡Caramba Carolina,¡!Cómo ha subido la temperatura del relato!!!

Gracias a tí por contarnos estas bellas historias.

Puedes seguir "robándome" los haikus. Ya te dije que era un honor.

Y muchas gracias por tus palabras y por recomendar que se pasen por El reflejo de Uzume....

Un besazo, Mercedes Pérez (je,je...) Kotori

Carolina dijo...

Arena, Hôyô! La ternura y la delicadeza es algo que viene implícito en la forma de ser de los japoneses, al igual que el sentido marcado del honor que puede llevarlos al Seppuku, (Harakkiri para los occidentales); su forma de vida es difícil de entender para nosotros, muy difícil, pero es fascinante.
Un besote grande!

Mercedes, Kotori: la temperatura en cualquier relato o novela debe "subir", ya sea en sentimientos o en vivencias en general, para que no pierda su fuerza y mantenga al lector atrapado; y, para mí es fácil hacerlo con la cultura japonesa, pues ella sola ya es ardiente, conmovedora y absolutamente fascinante. Yo solo intento transmitirlo. Y gracias otra vez por prestarme tu haiku.
Besos de Geisha!

Nieves Hidalgo dijo...

¡Dios mío!
Carolina, no sé cómo darte las gracias por facilitarme conocer este blog. No tengo palabras para decirte lo que me parece.
Ahora mismo tengo la piel de gallina.
Catalogarlo como precioso resulta hasta inadecuado. Maravilloso, se queda corto.
Me gusta el fondo, la delicadeza de los dibujos, los relatos, las traducciones de palabras.
Es un viaje extraordinario al mundo oriental.
Desde luego, pienso pasarme por aquí con toda la frecuencia que me permita mi escaso tiempo, porque merece la pena.
En cuanto al relato: me ha emocionado tu forma de escribir, cadenciosa, cuidada, sensual. Una caricia para los sentidos, Carolina.
Te felicito de todo corazón.
Mil besos, artista.

Carolina dijo...

Dios mío, por todos los kami!, la mismísima Nieves Hidalgo, la estupendísima escritora de novela romántica, anda por aquí!
Gracias, Nieves, solete, que te quiero y te agradezco enormemente tus palabras, y que me pongo, otra vez, a llorar como una tonta!
Mil besotes!!

Naoko Hatake dijo...

ohhhhhhhhhh!!!

:O

Quiero saber que mas pasa
Espero la conti , guapa :d

Belén dijo...

Muy conmovedor, sin duda alguna. Si hay algo verdaderamente difícil de escribir es una escena romántica y ésta, sin lugar a dudas lo es y la manera que está narrada es exquisita, y no pierde en ningún momento ese espíritu delicado que envuelve el relato.

Magnífico.

Carolina dijo...

Naoko, guapísima, dentro de muy poquito...

Belén, tienes que echarme una manilla. Nieves me ha enviado una página donde puedo autoeditar los relatos; voy a estudiarlo y como tú ya lo has hecho con Sin Pedigrí, me gustaría que le dieras un vistazo. Gracias por tus palabras, sister, un beso grande.

Sidel dijo...

Más súbido de tono que de costumbre...me encanta!!! has hecho que sea todo tan bello, tan hermoso. Me he estremecido con el encuentro de los amantes, ha sido algo mágico. No se como terminará la historia pero en tiempos de guerra... bueno por lo menos siempre les quedaran esos momentos vividos de forma tan intensa, sensual y llena de amor. Como siempre me hechizo!!! Aullidos de felicidad!

Carolina dijo...

Ay, mi pequeño Lobo, si eso es lo que quiero, hechizaros! Abrazos alados y besos de Geisha!

El Guardián de la Mazmorra dijo...

Qué delicado y cuánta belleza en ese primer encuentro de amor. Precioso.

Carolina dijo...

Marcos: gracias.
Esto lo escribí hace ya un tiempo y desde luego hay que revisarlo, ampliarlo y corregirlo, pero creo que tiene la esencia del pensamiento oriental, ése es mi objetivo.
Estoy repasando, tú ya sabes lo que es eso, y me das muchos ánimos.
Un beso de geisha...