O-KAERI NASAI

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miércoles, 21 de abril de 2010

RAN. Capítulo IX. "HAKAI" 破壊. El Sonido de las Armas.







Nozarashi wo
Kokoro ni kaze no
Shimu mi kana

A la intemperie
Se va infiltrando el viento
Hasta mi alma





Monte Hiei, al noreste de Kyoto, Japón, 1467

La guerra dio comienzo en un día lluvioso y triste.
Ônin despertaba al fin iniciando el Período Sengoku.
Los ashigaru alzaron las espadas, bastones y herramientas del campo, y los ji-samurái blandieron sus katanas y sus wakizashi, sus tantô aguardaban escondidos. Las mujeres también decidieron luchar, sus naginatas eran las primeras en verse desde la distancia, fieras, amenazantes.
El pueblo quería justicia, quería comer, dormir y amar sin obstáculos. La suerte estaba echada y el primer corte, la primera sangre derramada desató el ciclón largamente esperado.
Los samuráis de ambos clanes portaban en sus monturas, ondeantes al viento, los sashimono, adornadas con los emblemas respectivos.
Hosokawa Katsumoto dio la orden de ataque, su grito de guerra resonó entre los árboles de Hiei, haciendo temblar sus ramas; Yanama Sôzen respondió con ira y se lanzó al galope en respuesta a la llamada. Todos contra todos, samuráis y campesinos, sin distinciones, desenvainaron sus armas y rezaron una misma oración a los dioses por una muerte honorable. Ninguno de ellos recordaba el motivo del enfrentamiento, sólo la necesidad de luchar por lo que cada clan, cada ashigaru, creían era justo.
Las katanas chocaron con furia desprendiendo pequeñas luces de fuego, los más diestros manejaban la doble katana. Takeshi confiaba en Jigoku.

Antes, mucho antes de comenzar la lucha, el joven soldado se encomendó a los dioses y a sus ancestros; pidió una muerte con honor, como todo buen soldado. Siguió el ritual de vestir la armadura, o-yoroi, reverenciando cada una de las piezas que iban cubriendo su cuerpo, desde la blanca ropa interior que le serviría de mortaja, simbolizando el abrazo de la muerte, pasando por sode, la protección de los brazos, kusazuri, de caderas y muslos, terminando con sendan-no-ita, el guardián del corazón.
Una vez completado el rito de investidura, colgó de la cintura su wakizashi y su tantô, desenvainó a Jigoku y besó la tsuba, murmurando "I ken isatsu, i ken i shin", tras lo cual, volvió a deslizarla dentro de su funda y se dispuso a combatir hasta el final.

El altar de oración estaba dispuesto con las más bellas flores de Kiyoshi, la estancia testigo de sus encuentros con el soldado; Hanako rezaba, imploraba a los dioses que protegieran a su vida, al hombre que simbolizaba todo aquello cuanto siempre había deseado. Si algo le ocurriera..."dioses, no lo permitáis, no lo apartéis de mí, renunciaré a él si con ello puedo mantenerlo a salvo". La angustia se reflejaba en sus ojos rasgados, llenos de un profuno pesar y temor. Hoshi, su fiel sirvienta, la contemplaba en la distancia sintiendo un cariño enternecedor por su ama, y sufría por ella y por el amor que sentía hacia el soldado. Pero nada podía hacer por la niña flor, salvo permanecer a su lado y consolarla si fuera necesario.




El ruido de sables encontrándose resultaba estremecedor. El caos era el dueño y señor del espacio, cubierto de sangre y miembros descuartizados.
Kazuo y sus hombres tomaron partido por el clan Yanama y Yoshihisha, el hijo del shogún; a falta de una opción mejor era la más razonable y la más viable que apoyar la causa de Yoshimi, el hermano del gobernador y a quien sostenía el clan Hosokawa. El shogún estaba abatido y, fuera quien fuese quien conquistara el poder, él y el pueblo ya habían perdido la batalla.
Takeshi luchaba con furia, limpiándose el rostro cubierto de sudor y del rojo intenso del líquido vital de sus enemigos. Se revolvió contra el hombre que lo acosaba y levantó la katana empuñándola con ambas manos, hasta que el filo quedó ante sus ojos, reflejando el único rayo de sol que asomaba entre las nubes. Se puso en guardia y repelió el primer golpe, sus brazos temblaron ante la fuerza del impacto. Giró sobre sí mismo describiendo un arco perpendicular a su propio cuerpo y acertó de pleno con Jigoku en el estómago del rival, se tambaleó por la fuerza del giro y cayó al suelo de bruces. Clavó la espada en el barro y se apoyó en ella para levantarse, sintiendo la presencia de un nuevo enemigo que dirigía su furia contra él; arrancó a Jigoku de la tierra húmeda y giró el sable a la altura suficiente para cortar de un tajo la cabeza del hombre. Continuó la lucha desesperado, frenético, indicó a su negra montura que abandonara el campo de batalla, no deseaba perder al caballo, lo quería vivo. Notó un dolor sordo en la pierna derecha. Uno de los hombres Hosokawa le había producido un corte con su tantô, no muy profundo, pero lo suficiente para hacerle rechinar los dientes de rabia. Se dio la vuelta y cortó limpiamente la mano que sujetaba el puñal.
Giró sobre sus talones para enfrentar un nuevo peligro y fue entonces cuando lo vió a unos metros de donde se hallaba él...a Kasumi, el traidor, el hijo de la niebla, resplandeciente en su armadura, con sus duros rasgos limpios, sin haber probado la sangre aún.
Furioso, se lanzó a la carrera abriéndose paso, empujando, cortando, resbalando entre cuerpos ensangrentados; gritó como un tigre antes de saltar sobre su presa, alertando al soldado sin honor de su ataque inminente.
Kasumi llamó desesperado a sus hombres, los cuales cerraron filas en torno a él para protegerlo; Takeshi le miró y sus labios formaron la palabra "hikyômono", pero al hijo de la niebla poco le importaba la opinión de aquél que pronto moriría a manos de sus soldados. El valiente samurái se dispuso a enfrentarse con los hombres que tenía delante, hasta cinco contó; blandió la katana con un suave movimiento que provocó un zumbido amenazador. Atacó primero aun estando en minoría, golpeó y volvió a atacar; los hombres se defendían y atacaron a su vez. Takeshi se sintió rodeado; sintió un fuerte golpe en el costado derecho y pronto, la sangre empezó a manar. Cuando creyó que aquello era el final de su corta vida, vislumbró el reflejo de una espada a su lado que no era Jigoku, pero que reconoció al instante: Kaji, la compañera de Kazuo, su padrino, se alzaba para protegerlo, y entonces se sintió caer en el vacío, en la inmensidad de la nada, mientras repetía "i ken isatsu..., una espada, una muerte..."




HAKAI, 破壊 : Destrucción.
WAKIZASHI : Espada corta del samurái.
TANTÔ : Arma corta, puñal que el samurái portaba escondida para utilizarla como último recurso.
NAGINATA : Espada curva con mango muy largo, el arma de las mujeres samurái equivalente a la katana para los hombres.
SASHIMONO : Bandera que portaban los samuráis en el campo de batalla adornada con el emblema del clan o mon.
O-YOROI : Armadura
SODE : Grandes paneles que cubrían el brazo hasta el codo.
KUSAZURI : Protector de caderas y muslos para el combate a caballo.
SENDAN-NO ITA : Protector de clavículas y axilas.
TSUBA : Guardamanos de la katana.
JIGOKU : Infierno.
I KEN ISATSU I KEN I SHIN : Expresión que significa "Una espada, una muerte; un puño, una vida".
HOSHI : Estrella.
HIKYÔMONO : Cobarde.
KAJI : Fuego.

Haiku:
Matsuo Bashô (1644-1694). Traducción de Antonio Cabezas.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

14 Hablan los Danna:

Belén dijo...

oh! me he quedado con las ganas... ¿ya está?

Carolina dijo...

Belén, no quería recrearme demasiado en escenas morbosas, pero aún falta una intervención.
Capítulo X, please!

Sidel dijo...

NOOO! Dime que solo esta herido! he luchado con él y yo también le he pedido a los diosos que salga vivo de la batalla. Es un buen hombre no merece morir...Que asco de guerras.
En cuanto a la saga larga estoy disfrutando como una enana.
Quiero un libro tuyo!
Aullidos de alegría para ti.

Arena dijo...

Espero que gracias a Kaji nada grave le haya ocurrido a Takeshy...jopé Carolina ,que mal lo está pasando Hanako y yo...
Hôyô

Xibeliuss dijo...

¡Buf! ¡Cómo está la batalla! Sé que a Takeshi no le ha pasado nada grave: tiene todavía muchas cosas por hacer y Kazuo ha llegado a su lado.
Un abrazo de éste al que honras con el nombre de samurai, sin merecerlo :)

Carolina dijo...

Ay, Sidel, cómo me apena que sufráis, pero así son las cosas, aunque es verdad que no merece morir. Pero me alegro que disfrutes como una enana, me siento como Blancanieves contando el cuento a los enanitos,jaja.
En cuanto a lo del libro, lo estoy preparando para que lo tengáis.
Abrazos de halcón para tí y besos.

Carolina dijo...

Arena, Kaji es tan poderosa como Jigaku, recemos para que proteja a Takeshi. Y por favor, no sufráis tanto, creo que al final el Bien debe triunfar, ¿o no?.
Hôyô.

Carolina dijo...

Xibeliuss, creo que tienens razón, Takeshi está bien protegido y aún tiene cosas que hacer.
Sí te mereces el apodo de Samurái de Sanabria, me lo dicen los dioses.
Un abrazo.

Mercedes dijo...

¡Por favor, Carolina!¡tu has tenido que ser un guerrero samurai en otra reencarnación!¡Que tensión! Se huele el sudor y la sangre...

Esperemos que como dices, triunfe el Bien...

Un abrazo, Mercedes

Carolina dijo...

Mi querida Mercedes: si la reencarnación existe, en verdad yo fuí samurái, pero mi espada es la pluma con la que escribo; ciertamente, geisha no fuí pues a veces soy un poco bruta, nada que ver con las mujeres de las artes, tan delicadas.
Tú sí eres una reencarnación: los dioses te otorgaron la visión del águila, eres un yabusame (donde ponen el ojo, ponen la flecha).
Un gran abrazo.

MiánRos dijo...

¡Aaahhh! ¡Cómo cortas el capítulo ahí! xD, je je.;)
Nada, esperaré el desenlace. Felicidades, Carolina.

Un abrazo,
Mián Ros

Carolina dijo...

Ayy, Mián Ros, cuánto lo siento! jeje :)
Procuraré no teneros mucho tiempo en vilo.
Abrazos!

Nieves Hidalgo dijo...

Este capítulo me ha dejado sin aliento. Describes la batalla de modo magistral.
Y me sigue encantando la música, porque a pesar del cruel enfrentamiento, relaja.

Besos

Carolina dijo...

Ay Nieves, lo que me cuesta hacer que los hombres se maten entre ellos, pero así era la vida en este período histórico. A Mí también me relaja, mucho.
Besazos.