O-KAERI NASAI

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miércoles, 7 de abril de 2010

RAN. Capítulo IV "IKARI" 怒り. Vientos de Furia




Akikaze ya
Ware ni kami nashi
Hotoke nashi


Viento de otoño
Ho hay dioses para mí
No hay budas


Sólo un instante
Se deja ver la luna
Entre las nubes

Kotori




    Takeshi se alzó sobre el negro corcel, su corazón se hallaba partido en dos: el amor por su pueblo y por la pequeña flor que debía dejar atrás. Ajustó su cuerpo a la montura inquieta del animal, que se revolvió y giró, dando vueltas; tampoco el caballo parecía querer separarse de la concubina. y resopló con fuerza, dejando escapar un vaho intenso de color blanco, de su boca y de su nariz.
    Takeshi miró al cielo, frío y gris; se colocó en su cabeza el gomai-kabuto y lo ciñó a la altura de sus ojos, con rabia, adaptando la forma arqueada de sus cejas a la estructura del casco protector. Kamikaze, el fiel corcel negro, se alzó sobre sus cuartos traseros y proyectó una figura tenebrosa y temible junto con el soldado que lo montaba, en contraste con el horizonte recortado frente a la suave luz del amanecer. El corazón de Takeshi golpeaba con tanta fuerza que el sonido de sus latidos podrían confundirse con el retumbar de los cascos de Kamikaze.
    El samurái anudó fuertemente a Jigoku, su katana,  a la cintura; Hanako anudó el obi a su kimono, envolviendo su torso con el largo cinturón de seda bordado en mil mariposas y hojas de almendro. Sus dedos realizaron el nudo tradicional con dificultad, ajustandolo lo más fuerte posible. Respiró hondo y miró al cielo, el mismo cielo que observaba Takeshi y una única palabra acudió al encuentro de sus pensamientos.
Kibô...esperanza, lo único que podría hacerles continuar y luchar. Acarició la cabeza del caballo y se alzó sobre sus pequeños pies para alcanzar sus orejas y poderle susurrar, bajo, muy bajo, sus propias esperanzas:
    -Devuélvelo a mi lado, cuida de él, protégelo como a tu propia vida, pues es mi vida misma la que cabalga contigo.- y besó la testuz del animal.
    Hanako miró una vez más al soldado que respiraba sin fuerzas, odiando el momento de la separación. Takeshi se inclinó hacia el suelo, manteniendo el equilibrio, y la tomó con fuerza, besando su pelo, sus ojos, su boca, soltandola segundos después con un gruñido triste . Ambos, hombre y caballo,  le dieron la espalda a Hanako; ambos partieron hacia Kyoto, ciudad de intrigas,  buscando respuestas y ayuda para enfrentar el huracán que azotaba al Imperio.



















    Hanako regresó a palacio junto al shogún; los días trancurrían despacio y aún no tenía noticias de Takeshi. Cuando su gran señor la llamó para realizar la ceremonia del té, acudió rauda por comprobar las nuevas que podría averiguar a través de conversaciones ajenas.
    Por ello se alegró tanto al percibir la presencia de Takeshi en la habitación de Yûgure, próxima a la sala de las audiencias. Recogió las herramientas del chanoyu, se levantó del suelo dando un respiro a sus rodillas dolorosas y se inclinó frente al shogún, con una profunda reverencia que casi le parte la espalda en dos. El shogún la despidió con un ademán indiferente, la misma ignorancia que le había prestado siempre, y corrió hacia Kiyoshi, la estancia de la Tranquilidad, para averiguar lo que su amado conocía sobre la revolución y para abrazarlo y demostrarle que sólo él y el país eran importantes para ella.

    Mientras Hanako volaba hacia su cielo particular, el gran shogún Ashikaga recibía, una vez más, en la sala de las audiencias, a su general y hombre de confianza, Kazuo, el viejo militar y amigo que siempre permanecía a su lado.
    -Sabes que confío en tí, mi leal amigo; sabes, que por mucho que me cueste desenvainar a Taifû, lo haré si no tengo más salida, aunque sea para que cortes tú mismo mi viejo cuello.
    Kazuo inclinó la cabeza ante el shogún y respondió sin alzar la vista:
    -Mi señor, antes morir que alzar a Taifû contra tí. Prefiero mil veces el deshonor a lanzar la furia de vuestro sable contra vos. Pero si bien no puedo alzar vuestra espada ni la mía, sí debo alzar mi voz contra vuestro entendimiento...Ashikaga,-dijo en voz baja el general y con toda la confianza que sentía hacia su amigo-, ¿es que has perdido la cordura?, ¿qué te ocurre?, ¿por qué dejas que se rebelen contra tí?. Has dejado que tu pueblo se consuma, te has entregado al disfrute de los sentidos y Kyoto se revuelve de indignación. Los daimyo están en guardia esperando la oportunidad para adquirir más poder y fuerza, intentando con sus samuráis, llegar a tener el completo control del país.
    Ashikaga miró a su fiel general con ojos cansados; profundas ojeras nacieron para realzar aún más sus cabellos plateados. Quiso maldecir, lanzar insultos e improperios al mundo, pero únicamente logró balbucear unas flojas palabras.
    -Kazuo, amigo mío, reune a tus soldados y prepara la guerra que se avecina. Sé que has enviado a Takeshi a entrevistarse con algunos daimyo. Quiero respuestas y quiero cabezas. No sé si aún estoy a tiempo de detener este viento de furia, pero debo intentarlo. Actúa, Kazuo, empuña tu espada para proteger al reino.

    Kazuo tembló y saludó a su señor con una profunda reverencia, -Hai!, mi señor, se hará como tú ordenes.-, respondió con fuerza,  y dio media vuelta acariciando la empuñadura de Kaji, su katana, caricias que continuó prodigándole mientras recorría el largo pasillo de los Budas, hacia el exterior del palacio.

    Hanako continuó con su carrera hasta alcanzar los muros de la estancia de la Tranquilidad, Kiyoshi, la blanca habitación llena de flores y jazmínes, de enredaderas sensuales que le hicieron recordar los brazos de Takeshi enredandose en su cuerpo. Quería conocer los nuevos acontecimientos, pero, sobre todo, deseaba intensamente ver el rostro amado y sentir sus labios y que la mirara como sólo él sabía hacerlo.
Cerró los ojos y permaneció quieta, esperando...su espalda sintió el roce de unos dedos ásperos y fuertes recorriendo su columna, hasta alcanzar su base, donde se detuvieron. Aspiró profundamente cuando unos labios se apoyaron en su cuello y alcanzó a escuchar un murmullo suave pronunciar las más bellas palabras que jamás le fueron dirigidas.
    -Kimi o ai shiteru, mi dulce flor.

    Hanako olvidó lo que buscaba y quería conocer.


IKARI :  怒り. :  Enfado (coraje).
GOMAI-KABUTO : Casco protector del samurái con alerones.
KIBÔ : Esperanza.
YÛGURE : Atardecer.
TAIFÛ : Tifón.
HAI : Sí, de acuerdo.
KAJI : Fuego.
KIMI O AI SHITERU: Te amo, te quiero.

Nota de la autora: Una vez más gracias a Mercedes -Kotori- por su haiku; me estoy convirtiendo en "ladrona", pero vale la pena. Gracias a todos los que seguís estas historias, y en especial, a mi hermana Belén y a Nieves Hidalgo por vuestro apoyo, AI SURU, os quiero.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

Haikus:
Masaoka Shiki (1867-1902). Traducción de José María Bermejo.

Mercedes Pérez Collado -Kotori-. El reflejo de Uzume.

13 Hablan los Danna:

Belén dijo...

¡¡Qué emoción!! Me encantan las batallas (soy especialista en rebanar cabezas).

Lo de la página, lo miramos. Tal vez sea la editorial digital... ahora hay bastantes páginas. De momento Sin pedigrí está en bubok y no sé si podría editarse en alguna otra página. Lo estudiaré. Ahora, si entras en la página de bubok, sale mi libro en la lista de los más vendidos ¡¡es genial!!

Besos

STB dijo...

Está chulo. Siento una gran atracción hacia la cultura oriental.
;)

Carolina dijo...

Hola sister, sí, la verdad es que eres especialista, casi no dejas ni una sobre sus hombros en El Paladín!
Miraremos lo de la autoedición;
Nieves me ha animado mucho y tu libro Sin pedigrí, ¡está entre los más vendidos! jaja, qué bueno!
Un beso.

STB: cuando quieras puedes pasearte por aquí. Gracias, un saludo.

Arena dijo...

Hanako ,Takeshi. La Maiko me hace sufrir por vosotros.... ay.
Hôyô Carolina

Carolina dijo...

Hola Arena!
Pues si tú estás sufriendo, ni te imaginas cómo sufre La Maiko, que a ver cómo los saco de este lío en que los he metido!
Espero que todo llegue a buen puerto, aunque ahora se acercan días tormentosos.
Hôyô, Arena!

MiánRos dijo...

Qué bonito y bien llevado el acto de la despedida.

Un susurro de palabras que van cogiendo grados (imagino que continúa).

Besos, amiga.
Mián Ros

Carolina dijo...

Mi querido Mian Ros, gracias otra vez por tus bonitas palabras.
Pues sí, continúa, ya ves, está saliendo un relato bastante largo, lo que no es habitual en mí, pero es que es un período de la historia de japón muy fascinante.
Besos, amigo mío.

Sidel dijo...

Me encanta este nuevo relato largo, cada vez se pone más interesante se avecina una guerra y... ¿podrán salvar su amor? Me voy corriendo a leer la siguiente parte! La última frase ha sido muy bonita. Besotes.

Carolina dijo...

Sidel, cómo me complace que os guste, pues nunca me había atrevido con un relato largo, no sabría si podría hacerlo, pero fui animandome a medida que escribía y como es un período histórico que me fascina, pues hala!, que los dedos vuelan sobre el teclado.
Gracias lobito, besotes!

Mercedes dijo...

Carolina... me gustan los personajes que has creado. El y ella, masculino y femenino casi en estado puro y que se encuentran para amarse y armonizar su ser... muy bueno y adictivo..

Gracias a tí por todo... si algún día no te comento es que ando de tiempo de aquella manera !!! pero que sepas que soy fiel seguidora de esta saga que has iniciado con tanta fortuna.

besos, Mercedes

Carolina dijo...

Querida Mercedes, me alegra que te gusten estos personajes, a mí me han robado el corazón!
Gracias a tí y no tienes que disculparte, sé que el tiempo es a veces un inconveniente. Yo misma paso a veces volando por tu blog sin poder dejarte un comentario, así que no te preocupes. Después, vuelvo a pasar y a leerlo con calma.
Muchos besos.

El Guardián de la Mazmorra dijo...

"...envolviendo su torso con el largo cinturón de seda bordado en mil mariposas y hojas de almendro"... precioso. Y ahora, además, empiezas a sorprendernos con la organización de la batalla.

Carolina dijo...

Marcos, gracias, no sabes cuánto me animas!
La verdad es que no reparo en las frases, las escribo como las siento y sólo me doy cuénta de ellas cuando alguien me las señala, como tú lo has hecho.

La batalla... será larga y difícil, muy difícil.
Gracias de nuevo.
Mil besos de geisha...*_*