O-KAERI NASAI

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lunes, 26 de abril de 2010

RAN. Capítulo X. "EIKÔ" 栄光. El Honor del Soldado.

Ara totô
Aoba wakaba no
Hi no hikari

Qué gloria
Las hojas verdes, las hojas jóvenes
Bajo la luz del sol


Bosque umbrío
Junto al agua del deshielo
Una tumba sin nombre


Kotori


Kazuo interceptó el segundo golpe dirigido a su joven soldado evitando la muerte segura de éste. Esquivó como pudo un tercer y cuarto giro de sable de los hombres que defendían al traidor. Una sombra negra se interpuso entre los rivales, alzando los cuartos traseros, mientras Hiroshi y Tetsu intentaban arrastrar el cuerpo sin conocimiento de Takeshi. Taro, el fiel y veterano soldado de sienes plateadas, compañero y amigo de Kazuo, acudía en ayuda del grupo junto a diez de sus hombres. Kasumi, viéndose impotente ante la situación que tan drásticamente había cambiado de color, decidió retirarse siguiendo su cobarde comportamiento.

Los ashigaru que seguían combatiendo, ensartaban los cuerpos de los soldados con sus espadas y con sus yari, un cuerpo tras otro, provocando que se mantuvieran en pie durante unos pocos segundos, como muñecos de trapo, para caer en unos instantes al suelo, reventados y con los ojos desorbitados por la conciencia de la muerte.
Los arqueros hicieron su aparición con sus largos yumi, rodillas apoyadas en tierra, disparaban una lluvia letal de flechas sobre los hombres de ambos daimyô, sin distinciones, recibiendo a su vez una nueva lluvia de saetas lanzadas por los arqueros samurái de los clanes enemigos, los yabusame, temibles por sus certeros disparos cabalgando sobre sus corceles en rápida carrera, más veloces que el mismo viento, alzando sus dai-kyu como si fueran veletas al compás de los caprichos de los dioses.




El día se tornó aún más oscuro para los combatientes.
Los hombres de Kazuo transportaron rápidamente el cuerpo inconsciente de Takeshi hacia la zona neutral,; se desangraba velozmente, como el viento huracanado que comenzaba a arrastrar una fina lluvia venida del norte.
La herida en el costado del samurái era enorme y no presagiaba nada bueno. Taro la taponó con jirones de tela de su propio fundoshi, apretando con fuerza, como si su mismo corazón fuera perdiendo la vida a través de aquel corte. Subieron el cuerpo a lomos de Kamikaze y Taro azuzó al animal para que corriera haciendo honor a su nombre, y a duras penas, logró montarlo mientras iniciaba su frenético galope.

En el campo de batalla Kazuo y sus hombres luchaban sin descanso y sin tregua. El enemigo era tan fuerte como ellos, tan luchadores y tan honorables como ellos. Cada vida sesgada era un pedazo del propio corazón el que moría con ellas; cada alma que viajaba al más allá era la propia alma la que marchaba junto a ellas. Cada corazón que dejaba de latir era la propia vida aniquilada. La muerte recibida de manos de un hermano es la muerte más dolorosa que existe. Pero los dioses así lo decidieron, aquellos que eran ajenos al sufrimiento humano así lo habían dispuesto, desde la comodidad del inframundo.
Hiroshi se ajustó la hachimaki para contener el sudor que caía sin pausa sobre sus ojos, volvió a colocarse el kabuto y apreto la máscara de protección, su segunda piel, hoate, contra su rostro. Una vez comprobó que Takeshi se hallaba a salvo con Taro, su maestro y comandante, volvió al campo de batalla.
La primera flecha que recibió le atravesó el abdomen. La segunda, invadió su corazón. La tercera ya no la sintió. Su cuerpo desmadejado cayó hacia el abismo profundo de la semiinconsciencia que precede a la muerte...una fuerte luz se abrió camino ante sus ojos y sus hermanos estaban ahí, ¿cómo era posible?.
La paz infinita se adueñó de su espíritu y voló , sin dolor, sin reproches, sin ansiedades ocultas, sin nada salvo su yo real y su esencia, hacia la más profunda eternidad. Hiroshi, el hombre generoso, murió noblemente al servicio de un país al que amaba pero que no comprendía. Tetsu gritó en un llanto salvaje, impotente, y arrastró el cuerpo sin vida de su compañero, abrazándolo, susurrándole palabras de vida al oído, animándole a despertar, sabiendo que todo esfuerzo era ya inútil. Hiroshi había encontrado la vida eterna y danzaba con sus antepasados en un inmenso jardín lleno de alegría y de dolor para Tetsu.
Abrazó el cadáver de su compañero y sus lágrimas se confundieron con la pequeña lluvia y con el tímido sol que acariciaba sus caras desde hacía horas.
"Buen viaje, hermano, buena vida tenga tu espíritu y tu espada. Espérame en el más allá, prometo cabalgar veloz para encontrarnos". Tetsu se derrumbó en la hierba, entre los restos de la batalla. Lloró como un niño al que arrebatan su hermano mayor, lo más preciado, a su amigo y confidente y se revolvió fiero acudiendo de nuevo a la batalla para rendir honores de venganza en memoria de Hiroshi..."a partir de este instante tu muerte será mi vida", y alzó los ojos al cielo entregándose a la lucha.



Taro cabalgaba sin descanso y sentía sed, quería agua y pagaría por obtenerla, pero no se detendría hasta que Takeshi estuviera a salvo y fuera atendido, no podía pensar en sí mismo y en sus necesidades, sólo podía cabalgar, correr y esperar a que todo estuviera bien, pero...sintió una punzada en el corazón y supo al instante que alguno de sus hermanos en la lucha había emprendido el vuelo sin retorno hacia la inmensidad del más allá y lloró silenciosamente, pero sin darse tregua en el galope, no podía perder a otro hermano, no, por los dioses, no podía perder a Takeshi.
La distancia era enorme y se confabulaba para que el tiempo transcurriera lentamente, haciéndole temer por la vida del joven soldado.

Hanako recibió el mensaje de Kazuo a través de Hoshi, su fiel sirvienta y amiga, su querida compañera. Kazuo envió a uno de sus más leales soldados para transmitir a la concubina que estuviera preparada para los acontecimientos que se desatarían y que, probablemente hubiera de ayudar a los heridos en combate. Pero Hanako no sabía que su ayuda supondría la mayor deslealtad y traición hacia el shogún Ashikaga, y tampoco que poco le importaba al gran señor sus sentimientos. Tampoco imaginaba que Takeshi, su alma, necesitaría de su ayuda y fortaleza.

Taro frenó la carrera del caballo y lo palmeó en los flancos, felicitándole por seguir haciendo honor a su nombre. Bajó con alguna dificultad el cuerpo de Takeshi y lo aupó sobre sus espaldas, dirigiéndose hacia la pequeña estancia enclavada en el corazón de Hiei, la montaña, en un lugar oculto a los hombres que luchaban en el claro abierto y despejado del mismo monte. Hanako se encontraba allí, esperando recibir a los heridos, sin pensar que fuera su alma la que llegaría en ese instante. Una vez Taro depositó su cuerpo en sus brazos, tocó su frente; ardía de fiebre y empezaba a delirar. Hanako se desesperó pero contuvo la calma. No quedaba tiempo, el tiempo se le escapaba...

EIKÔ : Gloria.
YARI : Lanza de hoja recta.
YUMI : Arco clásico utilizado por los soldados de a pie (ashigaru).
DAI-KYU : Arco largo que se usa a caballo.
YABUSAME : Samuráis expertos en el tiro con arco a caballo. La técnica del uso del arco a caballo necesitaba de mucha práctica, ya que sólo se podía disparar por el lado izquierdo del jinete y se contaba con un ángulo de disparo de 45º. Esto se complicaba en mayor medida si el jinete portaba una armadura. Durante el periodo Sengoku el tiro con arco se combinó con el uso de arcabuceros ashigaru. El arcabuz fue introducido por los portugueses por medio de una nave pirata china en 1543 y los japoneses lo adoptaron con éxito en una década.
FUNDOSHI : Debajo de la armadura o de su propia vestimenta, la ropa interior que utilizaban los samuráis era conocida como fundoshi (褌), el cual era una especie de taparrabos hecho a base de lino o algodón.
HACHIMAKI : Un hachimaki (鉢巻) es una cinta, normalmente de tela roja o blanca, que los japoneses se anudan en la cabeza como símbolo de esfuerzo o constancia. Es una palabra compuesta de hachi (frente) y maki (cinta), pues la cinta cubre la frente, que es donde suele exhibirse algún símbolo o palabra relacionados con la perseverancia y la voluntad de éxito del portador de la cinta;  además, soporta el peso del casco (Kabuto).
HOATE : Máscara para proteger el rostro utilizada por algunos samurái.

Nota de la autora: La palabra samurái (侍) generalmente es utilizada para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, si bien su verdadero significado es el de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años.

El origen del samurái se data en el siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país. Su momento cumbre tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como «período de los estados en guerra». El liderazgo militar del país continuaría a manos de esta élite hasta la institución del shogunato Tokugawa en el siglo XVII por parte de un poderoso terrateniente samurái (conocidos como daimyō) llamado Tokugawa Ieyasu, quien paradójicamente, al convertirse en la máxima autoridad al ser nombrado como shōgun, luchó por reducir los privilegios y estatus social de la clase guerrera, proceso que finalmente culminó con su desaparición cuando el emperador retomó su papel de gobernante durante la Restauración Meiji en el siglo XIX.


Históricamente la imagen de un samurái estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue sino hasta que reinó una relativa paz cuando la espada adquirió la importancia con la que la relacionamos en nuestros días.

Haikus:
Matsuo Bashô (1644-1944). Traducción de José Luis Martínez.
"Bosque Umbrío". Mercedes Pérez Collado -Kotori-. El Reflejo de Uzume.

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

13 Hablan los Danna:

Mercedes dijo...

Que belleza:

"La paz infinita se adueñó de su espíritu y voló , sin dolor, sin reproches, sin ansiedades ocultas, sin nada salvo su yo real y su esencia, hacia la más profunda eternidad. Hiroshi, el hombre generoso, murió noblemente al servicio de un país al que amaba pero que no comprendía. Tetsu gritó en un llanto salvaje, impotente, y arrastró el cuerpo sin vida de su compañero, abrazándolo, susurrándole palabras de vida al oído, animándole a despertar, sabiendo que todo esfuerzo era ya inútil. Hiroshi había encontrado la vida eterna y danzaba con sus antepasados en un inmenso jardín lleno de alegría y de dolor para Tetsu."

Lo repito en honor de los que pierden la vida en los campos de batalla por amor a un pais que no terminan de comprender.

un abrazo, Mercedes

Carolina dijo...

Ay, Kotori, Mercedes, te cuento un secreto: a medida que iba escribiendo se me saltaban las lágrimas por la muerte de Hiroshi, me implico demasiado pero es la única forma de que esta historia resulte creíble. Tus palabras han vuelto a hacerme saltar la llorera!
Un abrazote!

Carolina dijo...

Mercedes, también es una dedicatoria por los que mueren por su país sin comprender el por qué.
Besos.

Xibeliuss dijo...

Fabulosa narración de la muerte de Hiroshi: casi he visto el primer plano del guerrero girándose, más tranquilo al dejar a su amigo en buenas manos y dispuesto a continuar la batalla, cuando le alcanzan las flechas y su rostro, más que dolor, muestra una cierta sorpresa, un "¿ahora?"
Un abrazo, carolina

Carolina dijo...

Xibeliuss, amigo mío. La paz que encuentra Hiroshi en la muerte es fruto de saber que hizo lo correcto y que luchaba por lo que creía justo.
Un abrazo, mi samurái.

Arena dijo...

Que triste..por la pérdida.
Hôyô Carolina

Carolina dijo...

Sí, es muy triste, sólo decirte que mientras iba escribiendo se me saltaban las lágrimas, ¡en serio!.
Qué pena, pero así es la guerra.
Hôyô, Arena.

Sidel dijo...

Ojalá la muerte fuera tan hermosa como la que has regalado a ese guerrero luchador. Esta claro que la batalla va a ser encarnizada. Pobre Hanako menudo susto se va a llevar tiene que salvarle como sea, aunque no pinta nada bien la cosa si así traiciona al soghun y este lo descubre. ¿Podrán escapar juntos y vivir su amor?
Esta muy interesante Halcón, besines.

Carolina dijo...

Ay, Sidel, ni yo misma sé lo que ocurrirá...sigo los acontecimientos al mismo ritmo que el vuestro (bueno, unos minutillos antes), pero hasta que no me pongo a escribir, no sé lo que sucederá.
Besines pa tí.

Nieves Hidalgo dijo...

El enemigo era tan fuerte como ellos, tan luchadores y tan honorables como ellos. Cada vida sesgada era un pedazo del propio corazón el que moría con ellas; cada alma que viajaba al más allá era la propia alma la que marchaba junto a ellas. Cada corazón que dejaba de latir era la propia vida aniquilada. La muerte recibida de manos de un hermano es la muerte más dolorosa que existe.

Carolina, no hay modo mejor de honrar al enemigo.
Me ha encantado.
Lo repito, escribes como los ángeles y no es coba.

Besos

MiánRos dijo...

La muerte de un ser querido es terrible, aunque si ese último viaje del alma está relatado con tanto sentimiento y profundidad, bienvenido sea. Y, pese a ser ficción, he aflojado el ritmo de la lectura, saboreando la dicha del espíritu de Hiroshi, por fin, libre.

De nuevo te felicito por esa narrativa tan tuya, detallada y original.

Un fuerte abrazo, amiga.
Mián Ros

Carolina dijo...

Nieves, todas las guerras son horribles, pero las guerras civiles son lo peor. Siempre se debe honrar al enemigo y respetarlo, pues lucha por una causa cree justa, aunque sea contraria a la propia.
Gracias por decir que escribo como los ángeles, no te imaginas lo que supone para mí.
Te quiero mucho, lo sabes, y no es coba, jaja.
Besotes.

Carolina dijo...

Mián Ros, qué piropo tan bonito que acabas de regalarme. Me gusta que saborees el relato y que lo vivas, significa que puedo conmover con esta historia. Gracias, de verdad, por estar aquí.
Un beso y un abrazo, querido amigo.