O-KAERI NASAI

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sábado, 9 de mayo de 2009

GUERRERA DEL ALBA




El Viento, La Espada
El Sol, La Mañana
La Noche no existe
Soy Guerrera del Alba


Carolina


Apuntaló la espada fuertemente en el suelo y secó el sudor de su frente que caía a borbotones debido al esfuerzo extenuador.
Miró el campo de batalla abarcando con su vista los cientos de cadáveres y se lamentó de que hubieran tantas bajas entre los suyos y sintió dolor por ellos y también por sus enemigos.
El terreno estaba teñido en rojo sangre cuyo olor le invadió las fosas nasales, un olor acre, duro y oscuro, a hierro corrupto.
Inclinó la cabeza y murmuró una oración por los caídos y por ella misma, pues era muy posible que sucumbiera en la próxima batalla.

Con furia creciente alzó la mirada y gritó al cielo, de su garganta surgió un grito desgarrador. Lágrimas brotaron de sus ojos en cascada mezclándose con el barro y la suciedad que cubrían su rostro. Los fuertes sollozos provocaron en ella latidos entrecortados del corazón, llenos de ansiedad. La soledad se hizo patente y real. Su existencia como samurái, la única mujer guerrero en un mundo de hombres la había convertido en un ser silencioso y apagado, falto de compañía y calor.

A su oído llegó el crujido de ramas quebrándose y una sombra se deslizó furtivamente tras su espalda, fugaz como el viento.
Desenterró la katana de la fría y oscura tierra y con un rápido movimiento giratorio la acercó a su cara, protegiéndose, en guardia esperando el ataque. Cerró los ojos un segundo, el necesario para percibir la procedencia del enemigo, y volvió a abrirlos.
Escuchó el zumbido del sable cortando el aire y alzó los brazos para detener el golpe, que fue brutal. Logró interceptarlo, pero un dolor intenso se adueñó de sus miembros por la fuerza del impacto. Sus ojos se llenaron de la luz surgida de las diminutas chispas provenientes de los filos de las espadas entrechocando con furia.
El sonido era demoledor y perdió el equilibrio, hincó la rodilla en el suelo y se concentró en volver a levantarse, giró el sable hacia atrás, hacia delante, y descargó su poder letal profiriendo un grito de guerra.
El enemigo detuvo su golpe y contraatacó a su vez, sin piedad, mientras ella ejecutaba un perfecto círculo sobre sí misma volviendo a levantar el arma. Sin mirarlo, volvió a girar y protegió su espalda, adelantó su mano izquierda al frente, con la palma en posición vertical en señal de espera, y con la derecha en posesión de la empuñadura apuntó hacia su objetivo. Recibió como respuesta un cuerpo en movimiento dirigiéndose rápido hacia su espacio. Se agachó y rodó sobre las duras piedras sintiendo cómo arañaban su cuerpo, lacerando su fina piel. Nuevamente se alzó del suelo deprisa, protegiendo su cara con la longitud del arma pegada a su nariz y las dos manos asiendo firmemente la brillante hoja afilada.

El soldado la miró largamente, en suspenso, caminando frente a ella, encerrándola en un círculo sin final, hechizado por su coraje y su técnica. Limpió la tsuba de la sangre acumulada, bajó la espada y la enfundó, para después alzar las dos manos indicando una tregua. Le hizo saber a través de un mudo lenguaje que detuvieran la lucha y se sentaran en silencio.

Indecisa, accedió a su propuesta pero sin abandonar a su compañera, a la que abrazó a su pecho. No apartó la mirada de él, temiendo un ataque a traición y respiró lento y profundo, esperando...

Uno junto al otro se sentaron en el húmedo suelo, sin atrever a mirarse, él primero, ella después, y tras un largo y eterno tiempo de silencio, el hombre habló:

- Llevo tiempo buscándote. Quiero vivir y morir contigo...

No podía respirar, no podía creer que había escuchado palabras tan insólitas de un desconocido, enemigo y rival. Tomó aire para decir algo, pero no supo encontrar las palabras y calló nerviosa, cerró la boca completamente azorada.
Más allá de las palabras que no lograban surgir, encontró fuerzas para aproximar su mano a las suyas, que descansaban en sus rodillas. Las cubrió y acarició, entrelazando los dedos que empezaban a conocerse, las tomó para sí, aproximándolas al corazón, y arrastró su cuerpo, obligándolo a ponerse en pie. Buscó su caballo, lo llevó hasta el animal, preparó y acondicionó su montura, puso su pie en el estribo y se alzó en el aire para dejarse caer en la silla.

Lo miró, le tendió la mano y lo invitó a acompañarle en su próximo viaje. Él aceptó y subió tras ella, las espadas, juntas, descansaban en las alforjas. La abrazó con delicadeza y apretó la frente contra su nuca, aspirando su olor. La guerrera del alba miró al horizonte en calma, espoleó a su caballo, y con la luz del nuevo sol, inició el camino...

KATANA : Espada japonesa
SAMURÁI : Guerrero
TSUBA : Guardamanos de la espada

Relato dedicado a Naoko Hatake

Este relato es propiedad de su autora y está protegido

4 Hablan los Danna:

Naoko Hatake dijo...

Ahhhhhh!!! que lindo ^///^ , me encanto , que digo? , me facino!!.

Muchas muchas muchas gracias ^^
ay! estoy conmovida, te lo juro que senti cada letra , esta genial

Gracias ^^

voy a poner un link en mi blog, sip ??

gracias otra vez, simplemente no tengo palabras.

besos beiia!!

Sidel dijo...

Genial, me he sentido como esa guerrera que lucha con ahínco, con devoción con fuerza, pero a la vez serena. Imagine como se marchaban los dos a lomos de un bello caballo, juntos, esperando de nuevo otra batalla. Es como una esperanza en un mundo lleno de odio, me ha encantado como siempre. Besos!

Naoko Hatake dijo...

gracias ^^ que bella. y vaya que si me hiciste sonreir , con este relato mas que con los otros, porque me senti esa guerrera, senti su dolor y su ira mescladas, todo me senti en ese lugar desierto lleno de cadaveres, invadido por el olor de la sangre, un lugar hostil y al igual que ella lo ultimo que esperaba encontrar al final, era un guerrero como aquel. , enserio estuvo fantastico. ^^

Annick dijo...

Que placer descubrir tu blog .Se me ha encogido el corazon leerlo y oir la musica.
Vaya dulzura !

Saludos desde Malaga.