O-KAERI NASAI

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domingo, 17 de enero de 2010

JISEI NO KU




Shi o mae
Ni shuzushii kaze

El viento frío, indiferente,
pasa ante la muerte


Soy un guerrero, un soldado.
Sirvo a mi Señor desde tiempos remotos, eternos, continuando la tradición de mi familia, depositario de secretos y saberes prohibidos.
Soy un guerrero y hoy dejaré de existir.

Mi cuerpo y mi alma se forjaron bajo las enseñanzas de mi padre, samurái del antiguo clan Minamoto. Mis músculos se desarrollaron con los entrenamientos de los viejos sensei de nuestro ejército, para proteger nuestro mundo y conseguir sobrevivir a los acontecimientos, duros y oscuros que se cernían sobre todos nosotros.

Mis brazos sostienen mi katana en un último entrenamiento, en un desahogo de mi mente que espera, asustada, su final, su último combate, su encuentro con los kami, los protectores de mi hogar...

Recibo con alegría el último soplo del viento en mi cara, los últimos besos del sol, el aroma del cerezo, bendito sakura. Cierro los ojos y respiro profundamente, silenciosamente, mientras pienso en las últimas palabras que dejaré, en mi Jisei No Ku, y mis manos tiemblan...

Recuerdo a Haha susurrándome al oído:
-Hijo querido, eres el heredero de una gran dinastía, el llamado a proteger y guardar las puertas de un mundo especial, grande y poderoso; el imperio del sol naciente, sus territorios, su cielo de nubes llenas y de un sol rojo, cálido y lleno de vida. Un mundo que jamás se extinguirá...hijo mío, eres un privilegiado, guarda con tu vida a tu país y a sus tradiciones, y, cuando llegue el momento, sé capaz de morir por tu pueblo.

Vuelvo a suspirar recordando las sabias palabras de mi madre.
Ahora, en las últimas horas de mi vida pienso en lo que fue mi existencia, en las vidas que segué con Arashi, mi eterna compañera, mi fiel amiga.
La muerte me sigue adonde quiera que yo vaya. Como una fuerza de la naturaleza, no puedo evitarla. La enfrento, la esquivo, pero siempre me alcanza.
-No te quiero, no te necesito-, le digo al viento deseando que le llegue mi mensaje.
-¿Por qué insistes en viajar conmigo? si lo que deseas es hacer íntimos amigos, no me permitas intervenir, no cuentes conmigo. Si quieres almas, búscalas por tu cuenta, déjame que camine solo.



La muerte me acecha, la siento, la oigo, la puedo oler...
Espero que me permita continuar con mis recuerdos un poco más, unos minutos más.

Me inclino ante el altar de oración. Mi espada corta, mi fiel wakizashi, descansa sobre una tela blanca, inmaculada. Su filo brilla como la luz del sol naciente, fuerte y poderosa, luz eterna portadora de vida, la que deberá llevarse mi existencia y mi último aliento.

Siento ahora el frío en mis manos, el viento que sopla en mi cuello y mi corazón se para unos instantes. Resisto, con la imagen de mis soldados enfrentándose a la batalla. Mi padre orgulloso, mirándome con aprobación desde la altura que le proporciona el estar sentado sobre su hermoso corcel negro.
El enfrentamiento va a comenzar; hombres contra hombres, luchando por lo que cada cual cree que es justo, katanas quitando vidas, cortando cabezas, miembros, sangre bañándo mi cara, las caras de mis hombres.
La inquietud se apodera de nuestras filas. La noche se cierra como un enemigo más, las sombras cubren nuestras armas, nuestras monturas, nuestras almas.
Todo está perdido, sólo me queda una salida, la más noble, la que mantendrá mi honor y el de mi familia.

Por ello, acudo al Seppuku; por ello, dejo mis últimas palabras en mi Jisei No Ku.

-"A los dioses clamo en mis últimas horas de vida en este mundo.
Mis pensamientos los entrego a mis antepasados, en los que busco cobijo.
Mi vida fue del Imperio, a él entregué mi corazón, y por él, vertí mi sangre y la de mis hombres.
Por mi pueblo, derramo hoy también mi sangre, definitivamente, con el pensamiento de que inunde las tierras por las que luché, para que crezcan fuertes, hermosas y salvajes.
Mi vida entera la ofrezco, mi muerte la acompaña; un sacrificio dispuesto para salvar lo mejor de mi mundo, de mi país y de su gente.
Deseo que permanezcan nuestras tradiciones, que surjan nuevos sensei, que instruyan, enseñen, eduquen a nuestros hijos; que les iluminen en la creencia de que algún día, un nuevo sol, más luminoso que el nuestro, acogerá a todos los pueblos en un gran abrazo.
Pido a los dioses de mi país que acojan mi alma, que la acunen entre sus brazos como hizo mi madre al nacer yo; pido alcanzar la sabiduría de mis ancestros, ser un Eirei más, recibido con alegría.
Quiero ser un espíritu más en el cielo de nuestros antepasados..."

Bajo la mirada hacia mi Wakizashi, la tomo en mis manos y la acerco a mi vientre...
En un suspiro, estaré con el Sol Naciente...

JISEI NO KU : Poema que redactaban los samuráis antes de la comisión del Seppuku
SENSEI : Maestro
KATANA : Espada larga del samurái
KAMI : Dioses shintoístas
SAKURA : Cerezo 
HAHA : Madre, mamá
ARASHI : Tormenta
WAKIZASHI : Segunda espada del samurái, más corta que la katana.
SEPUKKU : Ceremonia del suicidio, en occidente se la conoce como Hara-kiri
EIREI : Espíritu sagrado.

Este relato está dedicado a Xibeliuss, protector y defensor de su tierra, Sanabria, como un antiguo samurái, creo que sería capaz de defenderla hasta la muerte.


Este relato es propiedad de su autora y está protegido

10 Hablan los Danna:

Xibeliuss dijo...

¡Muchas gracias, Carolina! ¿Sabes? Según leía tu relato no podía quitarme de la cabeza la famosa foto de Mishima poco antes de su sepukku. No conozco su jisei no ku, pero no debió ser muy distinto de éste.
Mu gustaría que, si llega el momento, no me falten palabras tan bellas como estas.

Carolina dijo...

Querido Xibeliuss, espero que nunca llegue este momento para tí ni para mí, para nadie. Pero estoy convencida de que sabrías encontrar las palabras, tu Jisei No Ku.
Un abrazo!

Sidel dijo...

Que triste es quitarse la vida, aunque lo haga por sus creencias y sus ideales, es muy triste. Un buen guerrero, un buen relato. Besos.

Carolina dijo...

Sí, Sidel, es muy triste, pero es su forma de vida, su tradición, muy arraigada. Para un japonés es una salida honorable a una crisis; nosotros, los occidentales, somos incapaces de comprender este momento tan importante para ellos.
Besos de Geisha!

Naoko Hatake dijo...

Naoko reportandose!!!

Hace tiempo que no me pasaba por aqui perdoname, esque hay que tener tiempo para leerte, aunque todos deben de estar de acuerdo conmigo, despues de leerte se siente una paz y una tranquilidad hermosas, gracias por ello , Caro.

Y como siempre magnifico!!!

Besotes desde aca y abrazos tambien.

Arena dijo...

Preciosa dedicatoria.
Un abrazo Carolina

Carolina dijo...

Mi querida Naoko: no te preocupes, por todos los kami! sé lo que significa "no tener tiempo", pero sé que estás ahí, desde el principio de todo esto.
Muchos besos!

Arena: gracias también por estar aquí, un beso muy grande

MiánRos dijo...

Una narración hecha con el corazón sólo puede llegar a él del mismo modo; precioso, sin palabras.
Un saludo Carolina.

Carolina dijo...

MiánRos, gracias por pasar por aquí y por tu generoso comentario.
Un saludo y un abrazo.

Rafa dijo...

Me gusta. La sensibilidad con la que narras la escena y la forma directa en la que lo haces, sin caer en lo ridículo ni lo trillado.
Como bien dice Xibelius, muy parecido hubo de ser el Jisei no Ku de Yukio Mishima, aunque su kaishakunin no estuvo especialmente fino en el momento de actuar.
Lo dicho, Carolina, brillante, aunque lo que más me hagustado es no leer por ningún lado esa occidentalización de cortar el hara que tanto se estila a la hora de hablar del final de un samurai.
Un saludo y gracias por compartirlo con nosotros,