O-KAERI NASAI

maikos tadaima -en casa-Coches de ocasionanunciosjuegosTest de VelocidadLetras de cancionesCompra y venta de pisosOfertas de Trabajo

martes, 30 de marzo de 2010

RAN. Capítulo II "KAZE" 風 Los Sonidos del Viento.





Higashi nishi
Aware sa hitotsu
Aki no kaze


Del este o del oeste
Sobre los campos de arroz
El sonido del viento



    Hanako movió la muñeca en sentido ascendente, atrapando con su gesto la tenue luz del atardecer, sin prisa, suavemente, como si lo único que importara en el mundo fuera el movimiento de su mano danzando en el espacio y no existiera otra cosa en el universo salvo el chanoyu y sus pensamientos, ignorando la terrible realidad que se desataba en el exterior. Con el vuelo de mariposa de su mano, volvió a recordar los acontecimientos de aquella mañana extraña en la que la potente voz del shogún Ashikaga rompió el silencio que rodeaba su sueño inquieto.
    En el instante en que traspasó las puertas de su habitación, el sonido furioso del rugido del dragón golpeó sus oídos con una fuerza demoledora; Ashikaga estaba enfadado, oh, sí, realmente enfadado, pobre de aquel que fuera objeto de su furia, pues su cuello correría serio peligro de ser cortado en dos con un rápido, certero y veloz giro de Taifû, su temible katana.

    Se aproximó a la estancia de donde surgía el tremendo rugido y asomó su pequeña nariz por el resquicio de la puerta entornada.  Ashikaga hablaba, o mejor, gritaba, a su lugarteniente, el general  Kazuo, cuyo rostro empalidecía rápidamente a medida que las cejas del shogún se arqueaban en un rictus furioso y malévolo.
    El gran señor del Imperio dejó surgir en su cara las señales del paso del tiempo. Ya no le importaba que sus largos cabellos dejaran entrever el largo fluir del río de la vida, con sus reflejos color de la plata,;qué importaba ya, si todo su mundo amenazaba con derrumbarse y desaparecer como la cosecha de arroz bajo el fuerte tifón que, cada mucho tiempo, asola  las costas del país que le vio nacer...qué podía importar ya todo, la gran tormenta, la gran guerra, la soledad de sus últimos días... sólo importaba la supervivencia del Imperio, el país al que debía su honor y al que tanto tiempo había olvidado.

    -Kazuo, no quiero saber más, no quiero que me traigas noticias de un universo sin sentido, no quiero sufrir más, no quiero tener que abandonar este mundo si no es por una justa razón y por un justo equilibrio de fuerzas que lleven al Imperio a su supervivencia; ya sé que el pueblo está descontento, que olvidé mis deberes, pero, ¿qué ocurre realmente en el exterior?, ¿qué clase de llantos son los que percibe mi corazón?, ¿qué sucede, amigo mío?.

    El shogún Ashikaga envejeció diez años al pronunciar estas palabras. Kazuo, general al mando de sus más fieles soldados y leales samuráis, no supo qué responder; el viejo soldado envejeció a la par que su Señor, uniendo su vida y su destino, siempre, a la de su amigo y rey de su país. Por ello, por la confianza que los unía, Kazuo fijó sus ojos en los de su antiguo compañero de armas, y el sólo hecho de hacerlo, pareció calmar la ira del hombre más poderoso del Imperio.
    Ashikaga quería comprender lo que ocurría tras las murallas de su particular universo, pero había dejado que sucedieran tantas cosas, tantas, que ya era tarde intentar remediarlas. El shogún suspiró, abatido.; miró a Kazuo y se reclinó en la silla que ocupaba la habitación de las audiencias, y, por primera vez en mucho tiempo, permitió a su mente adentrarse en los sucesos de un futuro próximo...

    Hanako escuchaba tras la puerta y su corazón se encogió en un puño intentando comprender las palabras  del shogún. Algo muy grave ocurría en el exterior de las murallas, algo que podría cambiar el rumbo de las cosas, de la vida conocida hasta entonces, con sus comodidades, sus sábanas de seda, sus bailes y cantos, sus poemas; no, la vida no debía consistir en esa relajación de los sentidos, debía existir algo más, algo que percibió en el instante en que conoció a Takeshi. Sí, Takeshi, debía buscarlo, sólo él podría darle las respuestas que necesitaba, que tanto buscaba.

    Hanako supo, más por intuición que por conocimientos, que una gran fuerza se desataba tras las puertas del palacio, que algo trascendental estaba a punto de ocurrir, para ella, para su pueblo y para el mundo, para las potencias que conformarían la estrategia en el orden del universo...debía encontrar a Takeshi...

    Cerró violentamente las puertas tras las que se escondía, tras las que escuchó conversaciones prohibidas; volvió a su estancia y se desnudó de sus ropas de noche y de parte de su ingenuidad, queriendo buscar el conocimiento a través de los ojos de Takeshi, los únicos ojos que podrían transmitirle la verdad del mundo que apenas conocía, escondido tras el envoltorio de seda que rodeaba su existencia.
Salió al jardín de la estancia Kiyoshi, aturdida, buscando, sintiendo la presencia del samurái que lo era ya todo en su vida y no podía verlo, no podía,...¿dónde estás, amor?, responde, por favor....

    Hanako miraba al cielo, desesperada, sus ojos derramaban lágrimas de inquietud, y ya no importaba la historia, ni su vida, ni el destino del Imperio...únicamente importaban aquellos ojos oscuros, rasgados, bajo negras cejas que una vez la miraron con adoración. Takeshi....
    El viento soplaba con furia en la estancia de la tranquilidad, removiendo hojas de sakura, de enredaderas, de polvo de invierno, atrapando la esencia del momento para la historia de los hombres, de Hanako...
    Su sombra fue un suspiro desapareciendo bajo la luz del sol ocultandose tras los muros del palacio.  Unos brazos fuertes y cálidos alcanzaron su cintura, la apretaron contra un cuerpo firme y unos labios susurraron a su oído:

    -Sígueme...Hanako-san...
    Hanako dejó que su corazón hablara por ella y respondió:
    -Como la flor al último rayo del sol, Takeshi-san...
    Y de sus labios escapó un suspiro.

RAN : Caos, miseria.
KAZE : Viento.
HANAKO : Niña flor.
CHANOYU : Ceremonia del té.
KAZUO : Hombre de paz.
TAIFÛ : Tifón.

TAKESHI : Hombre fuerte

Nota de la autora: con esta serie de relatos intento seguir fielmente los hechos históricos pertenecientes a la era Sengoku; no obstante, me he permitido ciertas licencias, como el nombre de la katana de Ashikaga, para darle continuidad al relato junto con mi admiración hacia el arma, o mejor, el "alma" del samurái.
Ashikaga existió realmente, pero Taifû es pura invención.

Haiku: Matsuo Bashô
Traducción: Francisco Fernández Villalba


Este relato es propiedad de su autora y está protegido

11 Hablan los Danna:

Sidel dijo...

Creo que cuando algo va a cambiar drásticamente y sientes miedo buscas a la persona amada para compartir tu miedo y ansiedad, quiero leer más!
Por cierto yo también estoy de acuerdo con los demás, deberías intentar publicar, yo estoy convencida de que lo conseguirás, es mejor no tener pretensiones y como bien dices hay que armarse de paciencia, pero creo que tu lo vas a conseguir porque tus relatos estan impregnados de dulzura y sencillez, pero a la vez estan elaborados con un gran talento y muy buena documentación y creo que eso es muy importante. Ya sabes que aquí tienes una gran admiradora. Lametones de lobo!

Carolina dijo...

Gracias Sidel, mi querido lobo, nadie como tú para darme ánimos.
Un beso de geisha!

Belén dijo...

Bueno, ya me he puesto al día. Estoy de acuerdo con Sidel. No es ser pretencioso es, simplemente, pedir esa oportunidad que a todos nos corresponde. Además, nunca sabes cuando la oportunidad va a llamar a tu puerta pero hay que estar ahi para abrirla.

Ayer me dijiste tu a mi que no desistiera con El Paladín. Y creo que seguiré tu consejo y volveré a escribir, pero tu no lo dejes. De momento he lanzado al aire Sin Pedigrí y recuperaré los proyectos que tengo por ahi. Yo de ti, recopilaría los relatos sueltos y los autopublicaría. Sería una excelente carta de presentación para tu novela que, por cierto, es excelente.

También puedes apuntarte a Novelas Blog (creo que es así). Ángel puede informarte, es donde él publica Tortuosos senderos de fe. Lo forman grupos de personas que han decidido publicar en la red. Alguna vez he pensado unirme a ellos con El Paladín, pero me seduce más la idea de la autopublicación. Eso de tener tu libro entre las manos, es todo un puntazo.

Bueno, hablamos luego en el café. Es tiempo de tomar decisiones.

Besotes

MiánRos dijo...

Hola, Carolina,

Tienes una prosa preciosista con velos de intimidad soberbios, da gusto leerte.
Gracias por dejarnos asomar a tus relatos; felicidades.

Un abrazo, amiga,
Mián Ros

Carolina dijo...

Querida sister, eres el mejor apoyo que nunca tendré y me encantan nuestras andanzas en el mundillo literario. Te quiero.

Mián Ros, tus palabras me endulzan el corazón, me llenan y me animan como no te imaginas. Un beso muy grande, querido amigo.

Arena dijo...

Estos relatos me atrapan sin querer.
Un hôyô Carolina-san

Carolina dijo...

Pues atrapémonos juntas.
Un gran hôyô, Arena-san, domo arigato!

Nieves Hidalgo dijo...

Me encanta esta frase: Ya no le importaba que sus largos cabellos dejaran entrever el largo fluir del río de la vida.

Besos

Carolina dijo...

Nieves, ¿me creerás si te digo que me salió de un tirón, sin pensar?
A veces hay frases en las que no reparamos hasta que viene el lector y te dice que le ha gustado, es curioso...

Shigenobu dijo...

Hay talento, no hay duda en eso. Precioso el final de este capítulo.

Carolina dijo...

Shigenobu: muchísimas gracias.
Es tan solo el borrador del capítulo, hay que ampliarlo y corregirlo, pero tus palabras me dan muchos ánimos.
Arigatô, Shigenobu-san.