O-KAERI NASAI

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domingo, 21 de marzo de 2010

RAN. Capítulo I. "SENSHI" 戦士 La Flor y el Soldado




Nani o motomeru
Kaze no naka yuku


Qué pretendo encontrar
Internandome en el viento







KYOTO, Japón, 1466



La Era Sengoku resultó ser tan convulsa y terrible, tan extremadamente violenta, que, bajo un manto de vergüenza, los dioses quisieron ignorarla, olvidarla, sin querer sentir el vínculo de unión con los forjadores de su inicio, mucho menos con la traición que forzadamente se vieron obligados a cometer, abandonando a hombres y soldados, campesinos y gobernadores, infidelidades e injusticias, importando únicamente la supervivencia del Imperio.
Ônin, la gran guerra, apenas había comenzado...

La vida en el palacio del shogún  Ashikaga Yoshimasa  transcurría plácidamente, en un transcurso lánguido del tiempo, con pasos suaves como los de las concubinas que iban y venían a lo largo de las suntuosas estancias, de los jardines plagados de magnolios, buganvillias y cerezos.
La armonía se palpaba en cualquier rincón de la imponente fortaleza, pero detrás de sus muros de protección, el mundo se hallaba inmerso en una marea de caos, destrucción y miseria.
Y de todo ello, el shogunato permanecía impasible.

El shogún Ashikaga vivía a espaldas de su país y de la realidad que reinaba tras las grandes puertas del palacio; él ya no gobernaba a su pueblo, ya no; en aquellos momentos disfrutaba del cha-no-yu, la ceremonia del té, en cuyo ritual se perdía largos momentos, gozando de los sinuosos movimientos de preparación de las hojas de la planta venerada por los antepasados del país,  llevados a cabo por su concubina favorita, Hanako, la más hermosa de las mujeres del Imperio del Sol Naciente, rayo de luz que iluminaba sus días y sus noches.

Hanako dispuso los materiales para la ceremonia, puso el agua al punto de ebullición y dejó escapar un suspiro de sus labios, meditando y consagrándose a la ceremonia, en cuerpo, mente y alma, como dicta la tradición desde tiempos inmemoriales. Sus manos cortaban el aire en un vuelo sincronizado manipulando los objetos a su alcance, en una danza antigua de comunión con los elementos, agua, aire, tierra y fuego, unidos en un simbolismo eterno. Pero el shogún no era la única persona que observaba, fascinado, sus movimientos; otro par de ojos se abrían paso en la oscuridad de la estancia contigua, los ojos del samurái Takeshi, ojos rendidos de admiración por la belleza de los movimientos de manos tan finas y por la hermosura del rostro de la propietaria de esas manos delicadas de porcelana. Él suspiraba por esas manos, por su dulce y suave contacto, en su cara, en su pecho, en lo más profundo de su corazón.
El soldado dio media vuelta, incapaz de seguir soportando la visión de la mujer que le había robado el alma, la intocable, la favorita de su dueño y señor, al que debía respeto y lealtad hasta el fin de sus días.

Hanako proseguía con la sagrada ceremonia. Imperceptiblemente, sus labios se transformaron, de una seriedad concentrada, a una media sonrisa que no era más que el reflejo de la alegría nacida en su corazón; había visto a Takeshi en la oscuridad, percibió su presencia, la imponente figura del hombre al que hacía tiempo había entregado sus pensamientos y su alma; el samurái fuerte y respetuoso con el que cruzó su mirada una mañana de invierno en los jardines de la estancia kiyoshi, el día en que su destino cambió para siempre.

Ese día el sol del imperio brillaba con una fuerza inusitada para la estación invernal, aún así el frío mostraba su presencia en todos los rincones de la estancia; el rocío helado dejaba huellas en las flores y plantas que adornaban el recinto, pero Hanako dejó de sentir al invierno cuando Takeshi invadió su intimidad sin pretenderlo; en ese instante sintió aún más el calor del sol, bajo los pliegues de su kimono de seda, instalándose la primavera en su interior. Takeshi se detuvo en un movimiento de respeto y la saludó con una profunda reverencia, doblando la cintura en el ángulo que le permitía la katana ajustada a su cuerpo.
Hanako abandonó su asiento y devolvió el saludo con una inclinación de cabeza y sonrió.
Takeshi, azorado por haberla interrumpido se disculpó:
-Hanako-san, por favor, perdonad a este vuestro humilde servidor por tener la osadía de interrumpir vuestros pensamientos.-
Hanako reprimió la risa escondiendo sus labios con la mano.
-No necesitáis disculparos, os agradezco la interrupción, mis pensamientos a veces se adueñan de mis obligaciones. ¿Cuál es vuestro nombre?, si no os molesta decírmelo.- Hanako se arrepintió al instante de formular la pregunta, era muy atrevida en las circunstancias en que se encontraban.
El samurái respondió:
-Mi nombre es Takeshi, señora, para serviros y protegeros en esta vida y en la otra, llegado el momento.
-Hajimemashite, Takeshi-san, -susurró Hanako, ruborizándose y reprimiendo una nueva sonrisa que asomaba a su boca.

Las miradas de ambos se cruzaron un sólo segundo, un segundo eterno en el tiempo y en el espacio. Los ojos penetrantes del guerrero se fundieron con los negros ojos rasgados de la concubina, encontrando un nexo de unión, un vínculo que los mantendría unidos para siempre. Pero ninguno de los dos fue consciente de ello; el sentimiento que nació en ese instante debería permanecer oculto en espera de un cambio en el futuro, cambio que nadie, ni siquiera los dioses, sabían si se produciría algún día.

Desde ese día de invierno, Takeshi sintió por la hermosa concubina lo que jamás había sentido antes, entregandole toda su vida y la protección de sus armas, Jigoku, su katana, y Sora, su wakizashi, jurando ante el altar de sus antepasados que no permitiría que nadie la dañara mientras a él le quedara un soplo de vida.

Hanako no pudo dormir esa noche; inquieta, llamó a Hoshi, su fiel sirvienta y confidente en momentos de necesidad.
-Hoshi, no entiendo qué es lo que me ocurre, qué es este nudo que siento en el estómago, y no entiendo el rápido latido de mi corazón-. Hanako se retorcía las pequeñas manos, nerviosa.
-¿Es un nudo lo que sentís, no serán, quizás, revoloteo de mariposas?. ¿No entendéis el latido de vuestro corazón, reflejo de la ansiedad por volver a ver a cierto soldado?. Perdonad mi atrevimiento, señora, pero para mí, está claro como un cielo sin nubes...- respondió la fiel sirvienta, con la confianza que le proporcionaban los años de servicio bajo las órdenes de la favorita del shogún.
Hanako suspiró, abatida. No sabía si sus sentimientos eran correspondidos. De todas formas debía renunciar a ese calor nacido en su corazón, no podía, no debía traicionar a su señor. Pero el deber no le impedía sentir...lo que sentía por Takeshi, y por más que rezara a los dioses pidiendo ayuda, no podía evitarlo.

Al amanecer, Hanako se despertó sobresaltada por los ruidos provenientes de la sala de audiencias del shogún, muy cercana a su estancia. Se arrastró sobre la cama, cansada, después de haber pasado una noche terrible poniendo en orden sus pensamientos y analizando el nuevo sentimiento que había anidado en su corazón. Los ruidos iban haciéndose cada vez más fuertes, creciendo en volumen e intensidad, rompiendo el silencio que siempre reinaba a aquellas horas tan tempranas.
Se calzó sus confortables zori, se ajustó el suave kimono y cruzó las puertas que la separaban del ruido que iba elevándose cada vez más.
Algo ocurría en el exterior, algo que escapaba a su control, pero no así a su entendimiento.
Abrió su corazón y se dispuso a escuchar y a comprender... los pétalos de la flor más bella de Oriente se abrían bajo la luz de un nuevo sol incierto..





RAN : Caos, miseria.
SENSHI 戦士 : Soldado, guerrero.

SENGOKU : Período en la historia de Japón.
SHOGÚN : Gobernador de Japón.
CHA-NO-YU : Ceremonia del té.
SAMURÁI : Soldado, guerrero al servicio de un señor feudal (daimyo) o del shogún (gobernador de Japón).
HANAKO : Hana, flor; Ko, niña: "Niña Flor".
TAKESHI : Hombre Fuerte.
KIYOSHI : Tranquilidad.
SAN : Tratamiento de respeto y cortesía, se emplea seguido del nombre; equivale a "señor", "señora" en español.
HAJIMEMASHITE : "Me da mucho gusto conocerlo".
KATANA : Sable largo del samurái.
JIGOKU : Infierno.
SORA : Cielo.
WAKIZASHI : Espada corta del samurái.
HOSHI : Estrella.
ZORI : Sandalias bajas, hechas de algodón y cuero.
KIMONO : (着物) es el vestido tradicional japonés, que fue la prenda de uso común hasta los primeros años de la posguerra. El término japonés mono significa "cosa" y ki proviene de kiru, "llevar".

Nota de la autora: El Período Sengoku (戦国時代, Sengoku jidai, literalmente, "periodo de los estados en guerra" o "país en guerra") es un período muy largo en la guerra civil de la historia de Japón. Comenzó a finales del período Muromachi en 1467 con la guerra de Ônin (la guerra duró de 1467 a 1478) hasta la era Azuchi-Momoyama, la paz final, y el orden no llegaría hasta 1615, en el periodo Edo.

Haiku: Taneda Santôka.
Traducción: Vicente Haya, Hiroko Tsuki.


Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

24 Hablan los Danna:

La Bruja dijo...

¡¡Chapeau!! Como siempre tu sensibilidad me conmueve y tu saber hacer me maravilla. A ver cuándo te planteas en serio eso de creerte escritora que otros por menos ejercen. Y a ver también cuándo reunes tus relatos y te decides a llamar a algunas puertas. Creo que merece la pena. Un abrazo, flor de Loto.

Arena dijo...

Hola HANAKO, venir aqui es como estar en el SORA ,siento KIYOSHI,
Un abrazo Carolina

Carolina dijo...

Bruja: soy muy cobarde, y sé que mis relatos son apreciados, por vosotros, por mis amigos, pero las editoriales no entienden de amistades, y, sinceramente, no sé de qué entienden, pues han llegado a mis manos libros horrorosos, bodrios infumables que no puedo entender cómo c. se publican, pero es así. Sé que debo recopilar mis relatos, registrarlos e intentar publicarlos. Pero lo voy dejando, aunque como buena escorpio, tengo paciencia y todo llegará, quizás, algún día. No tengo ambiciones, tú lo sabes, salvo dejar un buen momento a los poquitos que me seguís. Besos, besos!

Arena-san: gracias por tus bonitas palabras, veo que llegas al fondo del relato!, por ello te envío una nueva palabra, que espero adivines de qué se trata: Hôyô!
Un beso.

Xibeliuss dijo...

¡Carolina, te has lanzado con un relato largo! Promete, mucho y ofrece más. Aquí estaremos.
El mundo de las editoriales y de la publicación es lo que es. No hay que amargarse. Yo, personalmente -no sé si es lo correcto- prefiero transmitir y llegar a la gente que muestra interés, sea 3 o 3000.
Un fuerte abrazo

Arena dijo...

Espero no equivocarme Carolina.
Te envio un fuerte Hôyô!!

Carolina dijo...

Xibeliuss: sí, me he "lanzado", pero sin metas, a ver lo que sale.
También pienso como tú, si mis cuentos emocionan, aunque sólo sea a uno de vosotros, me doy por satisfecha. Pero igualmente pienso que estos cuentos podrían emocionar a otras muchas personas y me gustaría que pudieran acceder a ellos. Es lo que hay, me quedo con vosotros que sois los mejores lectores que jamás tendré.
Abrazos!!

Arena: eres estupenda y aprendes muy rápido, no te has equivocado.
Hajimemashite, Arena-san!

Naoko Hatake dijo...

Creo que seguiremos asistiendo hasta que tengamos un libro tuyo en las manos y de ahí probablemente queramos mas :d

Tienes taaanto talento y leerte es todo un placer, viajar a travez del tiempo y el espacio con tus escritos es genial.

Espero la segunda parte, guapa , gracias por leerme cada que puedes, te aprecio mucho, besos.

Mercedes dijo...

Mucho ánimo Carolina... escribes genial, tienes talento y en las editoriales, ya sabemos que hacen cosas raras...
Me encanta seguirte, me llevas a un mundo que me fascina.

un abrazo, Mercedes

Susana Eevee dijo...

Excelente, Carolina. Como siempre :)

Un abrazo.

Carolina dijo...

Naoko: gracias cielo, sabes que yo también te aprecio mucho.Besos.

Mercedes: también me fascinas a mí con tus haikus. Hajimemashite, Kotori-san!

Susana: para mí significa mucho que pases por aquí y leas estos pequeños relatos, un abrazo grande y espero que nos llegue pronto "Dos coronas".

Isabel dijo...

Hola, hace poco que descubri tu blog, hoy que tenia un rato libre he podido leer varios relatos y la verdad que son preciosos, escribes muy bien, con casi todos ellos se me ponian los vellos de punta. El diseño de tu pagina es precioso tambien y la musica de fondo muy apropiada jejeje.
Un saludo desde Cadiz ^^

Carolina dijo...

Hajimemashite, Isabel-san!
Bienvenida a Karyûkai, o-kaeri nasai!
Gracias por tus palabras, si los relatos te ponen los vellos de punta, a mi se pone de punta el corazón sólo pensar que te gusten.
Gracias y besos! Saludos a Cádiz!

Sidel dijo...

Me gusta leer tus relatos con calma para saborearlos mejor, ya lo sabes, por eso no comento hasta ahora, no he tenido esa calma...
El encuentro entre la concubina y el samurai es muy bonito me ha parecido muy romántico que utilizes las estaciones del año para reflejar sus emociones. Me quedo con la intriga y me voy corriendo a la segunda parte! Aullidos!

Carolina dijo...

Besotes a mi querido Lobo!
Sidel, te adoro. Un abrazo de samurái.

Ángel Vela (palabras) dijo...

vaya sorpresa,Carolina.

Que calladito te lo tenías y que perdido he estado yo, ejejeje.

Me alegro mucho de que te hubieras lanzado y te deseo lo mejor.

A ver si saco un rato y me pongo con ella, que igual de leerte me vuelve el gusanillo de la que yo tengo arriada. Aunque dudo que puede ponerme hasta las vacasiones, pero no quiero dejarla, ya tenía casi la mitad.

Aun así no estoy parado, ando escribiendo cositas más cortas.

Un beso y animo ;)

Carolina dijo...

Ángel, de calladito nada, que llevo publicándolo mucho tiempo y el blog tiene entrada libre. Tú no has pasado por aquí, que es diferente, bien perdido si que has estado.
Gracias por tus deseos, cielo, estoy satisfecha porque tengo fieles seguidores que se emocionan mucho con lo que escribo.
Ánimo y retoma tu novela, que es importante, aunque ya sé que escribes otras cosillas que yo sí te sigo aunque no deje comentarios.
Un beso grande, samurái de las letras.

ARALBA dijo...

Muy bello Carolina:

Tienes una forma de expresar tus sentimientos de una forma muy elegante. La femineidad rebosa por todas partes y desde luego, muestra un conocimiento impecable de las tradiciones japonesas.

Si algún día publicas en papel, hazmelo saber porque lo quiero para mí.

Carolina dijo...

Aralba, un inmenso placer tenerte aquí.
Gracias por tus palabras, mis relatos ya son tuyos.
Besos.

El Guardián de la Mazmorra dijo...

Humm... que inicio tan elegante y sentido. Precioso; me ha gustado mucho y voy a ver cómo hago para ir siguiendo esta historia.

He apagado la música de tu blog (lo hago en todos) y he descubierto esa campanilla que suena de vez en cuando... es perfecta ^^

Carolina dijo...

Ay Marcos... que ahora que lo leo desde hace tanto tiempo que lo escribí, pienso que...uff hay que corregir mucho y que es muy inocente...
Lo de la campanilla... es el llamador chino que se ve a la derecha, al inicio de la página... me alegra que te guste y gracias por estar aquí.
Un beso.

Nieves Hidalgo dijo...

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, aunque ya me tenía desesperada.
Precioso este capítulo, como siempre.
Takesi, Hanako, Hoshi... Ya me contarás, me has dejado intrigada.

Mil besos.

Carolina dijo...

Mi Nieves: que sí, que voy a seguir, pero mi horario en el trabajo no me deja apenas tiempo... estoy cabreada, uuufff, pero en cuanto llegue mi día de fiesta me pongo.
Bueno, he de dejar tiempo también para mi Takeshi... estoy viéndome con alguien...ayayayayayyyyy
Mil y un besotes pa tí, madrina, que te quiero...*_*

Marta Elena dijo...

El referente "imaginario" de oriente, se amplía en la recreación de tus personajes, que además, se mueven en un ambiente tan real, tan natural.
Definitivamente, me gustan mucho tus creaciones de mirada oblicua. :]

Carolina dijo...

Marta Elena... me siento tan viva con tus palabras!!
Ha sido siempre mi deseo recrear la historia de una forma "natural" a través de sentimientos siempre acordes a los tiempos que intento describir. Tiempos que siguen (o eso pretendo) una línea rasgada y horizontal, tirando a oblícua, la historia del pueblo japonés... gracias, mi amiga...*_*