O-KAERI NASAI

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lunes, 10 de mayo de 2010

RAN. Capítulo XIV. "KONDÔ" 混同. El Reino de la Niebla




Kagerô ya
Me ni tsukimatou
Warai gao

En las tinieblas
Lo que ronda mis ojos
Es su sonrisa

Niebla en el bosque
Temblando oigo el chasquido
De lo invisible





Los pocos rayos del sol empezaban a menguar dando paso a la luz intensa de la luna, mientras Hanako se ocupaba en empaquetar sus cosas y las herramientas que habían sido trasladadas a la pequeña cabaña en mitad del monte para ayudar a los heridos en combate. Se sentía extrañamente inquieta, con los nervios a flor de piel. Pensaba que había sido una locura quedarse a esperar a los últimos heridos de la batalla, debía haber marchado junto a Takeshi y la comitiva fúnebre. Era tarde para arrepentirse, lo hecho, quedaba en el pasado; pero no entendía el desasosiego que se apoderaba de ella, cada vez más intenso, como si creciera en su pecho a medida que la luna llena se acomodaba en el cielo.
Hoshi se encontraba en el exterior preparando las monturas y ajustando el equipaje sobre ellas. La noche era tan silenciosa, y todo estaba tan tranquilo que sintió miedo, un miedo inexplicable.
Gracias al silencio percibió con total claridad el chasquido de ramas quebrándose y el ruido de unos pasos que intentaban aproximarse sin hacer ruido, pero que se traicionaban y se delataban a cada segundo en que la luna se asomaba en el claro cielo sin nubes. El ruido, tan pequeño, resultó sin embargo ensordecedor al romper el sagrado silencio del monte.
Hanako contuvo la respiración y extrajo del baúl que tenía a su lado la wakizashi que una vez le regalara su señor Ashikaga. Las mujeres no utilizaban espadas de soldados, pero durante su entrenamiento en artes marciales quiso poseer una de esas armas y el shogún le concedió el capricho. Todas las concubinas y mujeres de palacio sabían luchar tan fiera y dignamente como los hombres, aunque utilizaban otras armas como la naginata. Pero Hanako dedicó horas a entrenarse con la wakizashi, pues le permitía más soltura en los movimientos y era apropiada para la lucha en lugares cerrados, como suponía que estaba a punto de ocurrir. Sus brazos se tensaron y su mano asió firmemente la empuñadura. Cerró los ojos para percibir la procedencia del enemigo y rezó a los dioses.
Arashi, la espada corta, brilló con fuerza atrapando el primer rayo de luna llena, dispuesta a combatir.


Las sombras de los muertos en la estancia de Shinda continuaban su danza entre las frías paredes de piedra. La esencia de las almas se mezclaba una y otra vez con el humo del incienso y de las flores quemadas, en una comunión que las elevaba al cielo juntos, almas y humo, esposas y maridos, en un último viaje de búsqueda del infinito. El alma de Kazuo, convertida en fiero dragón, permanecía aún ante los ojos de Takeshi, mirándole con sus ojos amarillos, agresivos, su lengua asomando a través de sus labios cerrados, transmitiéndole el mensaje de alerta y de continuidad en el conflicto. En un instante rápido como el rayo que anuncia tormenta, la figura del dragón sufrió un espasmo, una contracción dolorosa que provocó un vómito de humo negro, presagio o certeza de que algo grave acababa de ocurrir. El humo negro se habituó al aire y al espacio de la estancia y se transformó en una flor. El joven soldado sintió la daga del temor atravesando a su corazón y tembló de miedo: Hanako estaba en peligro.
Inclinó la cabeza ante el dragón mientras su figura se evaporaba y diluía entre las sombras de los muros de Shinda, elevándose hacia el cielo.
Obligó a su cuerpo a tomar impulso en el inicio de una carrera frenética en busca de Kamikaze. Debía volver a la cabaña del monte deprisa, cuanto antes. Escuchó la voz de su padrino a su lado susurrándole: "Deprisa, musuko, deprisa, corre, corre..."

Hanako desvió el primer golpe con Arashi y se tambaleó, chocó contra la pared golpeándose el hombro y apretó los dientes para no gritar. El soldado que surgió de entre las sombras la miró con desprecio y se dispuso a golpear de nuevo. Esta vez la concubina sabía lo que debía hacer y no la tomaría por sorpresa. Ejecutando una vuelta entera sobre sí misma, desplegó su brazo velozmente, describió un arco perfecto perpendicular a su cuerpo y cortó la garganta de su oponente; éste cayó de rodillas sujetándose el cuello, agonizando, con una mirada de incredulidad clavada en los ojos de la mujer.
Hanako escuchó un ruido sordo a su espalda y supo al instante que un nuevo enemigo se cruzaba en su camino. Giró el sable dos veces, con un movimiento de muñeca que recordaba a la ceremonia del té, danzando en el espacio. La hoja produjo un sonido zumbante al cortar el aire, y en rápido movimiento de arriba a abajo, el sable encontró el estómago del enemigo. Lo clavó con fuerza, ensartó el cuerpo y extrajo la vida de su dueño.
La flor de oriente respiró fuertemente para recobrar el aliento, y se preocupó por Hoshi, "dioses, no permitáis que nada malo le haya sucedido, por favor...", y no pudo pensar más. Dos hombres se adentraban en la pequeña cabaña y Hanako echó de menos no disponer de una segunda arma con la que defenderse. Hizo acopio de todo su valor y se enfrentó a los soldados. Atrapó el golpe de la katana de uno de ellos, giró para evitar el ataque del siguiente sable, y sintió un dolor lacerante en la espalda.
Sintió que el suelo cedía bajo sus pies, las figuras de sus enemigos se hicieron cada vez más borrosas y el mundo dejó de existir.
Kasumi, el hijo de la niebla, sonreía feliz. Ahora tenía en sus manos una joya muy valiosa. Con la concubina podría negociar y alcanzar grandes ventajas, podría dominar el corazón del joven samurái que osó intentar matarlo en el campo de batalla. Sí, grandes caminos se abrían para Kasumi. La luna iluminó su cruel sonrisa.

Takeshi cabalgaba a lomos de Kamikaze y no le hacía falta espolear al caballo para que éste volara; siempre hacía honor a su nombre. Los malos presagios vislumbrados en Shinda se afianzaban en su corazón. Las cosas no estaban bien, nada bien, y sabía que nada podía hacer para impedir que el destino se hiciera cargo de los acontecimientos y de las vidas de aquellos a los que amaba.
No llegaría a tiempo, la idea retumbaba en su cerebro como el chasquido de la presencia de una fuerza invisible. No llegaría a tiempo, pero juró por todo lo que era sagrado en su vida, que pondría las cosas en su lugar, aunque hacerlo le costara la vida...


KONDÔ 混同 : Confusión.
NAGINATA : Cayado, espada de hoja curva con mango muy largo. Para la mujer samurái es el equivalente a la katana del hombre.
ARASHI : Tormenta.

Nota de la autora: Es cierto que las mujeres que vivían en el palacio, ya fueran sirvientas, concubinas o esposas reales, eran entrenadas en artes marciales, como si se trataran de hombres soldado, puesto que su misión no sólo consistía en servir y dar hijos al shogún, sino también en proteger su vida llegado el momento. Existieron famosas mujeres samurái, de las que un día hablaré. El arma utilizada por estas mujeres era la naginata, la hoja curva con mango muy largo, que equivalía a la katana del hombre. Las mujeres samurái eran tan aguerridas, fuertes y nobles como los hombres, a veces, incluso más, pues eran capaces de suicidarse para que sus esposos afrontaran el combate sin ataduras emocionales. Esto es algo que en Occidente es impensable. Para más información, ver el relato "Naginata".


Haikus:
Kobayashi Issa (1763-1827). Traducción de Antonio Cabezas
José Luis Parra

Este relato es propiedad de su autora y está protegido

13 Hablan los Danna:

Xibeliuss dijo...

Uh, oh. Esto sí que no me lo esperaba. Acciín disparada... y llega más, seguro.
Un abrazo, Carolina

Carolina dijo...

Xibeliuss, si te digo que ni yo misma me lo esperaba. los personajes y la historia a veces parecen cobrar vida propia y hacen lo que les conviene, siendo el/la que escribe la historia mero instrumento de la misma. Es lo que más me gusta de escribir, dejar a que la imaginación se adueñe del siguiente capítulo, improvisando. No me gusta hacer "esquemas" sobre una novela en la que todo está previsto, pues todo puede cambiar en el último minuto, en el último segundo.
Un abrazo, samurai de Sanabria.

MiánRos dijo...

Después de velar a guerreros y armas parece que vuelve la acción. "Cerró los ojos para percibir la procedencia del enemigo y rezó a los dioses." Me encantó este momento, y sobre todo la destreza con la que has dotado a Hanako para el combate, pero... ¿qué va a ocurrir? Lo has interrumpido en un momento crucial. Bravo, como en las mejores series.

Felicidades, querida amiga.
Mián Ros

Arena dijo...

Yo tampoco me esperaba esto.... Me dejas otra vez espectante.
Hôyô

Sidel dijo...

Me encantan las mujeres guerreras!!! Que emoción, pero eran varios adversarios para ella sola...la quieren como moneda de cambio, no la mataran, pero sabe que su samurai va a sufrir. En vaya lío nos has metido Carolina!!! esto cada vez se pone más interesante! Aullidos de alegría.

Sidel dijo...

Por cierto la foto del principio me encanta es preciosa, tiene una gran elegancia y tristeza en su mirada. Es preciosa! besotes

Carolina dijo...

Mián Ros: Sí, vuelve la acción y gracias por tu comentario. Hanako es experta luchadora, todas las mujeres al servicio del shogún lo eran, pues eran las personas más cercanas al gobernador y estaban obligadas a defenderlo en caso necesario.
Un abrazo, amigo mío.
_______________

Arena: te digo como a Xibeliuss, yo también estoy expectante, aunque, evidentemente tengo un poquito de idea de lo que ocurrirá, pero me siento igual que vosotros.
Hôyô.
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Sidel: a mí también me encantan las mujeres guerreras, claro que no la matarán, pero sí, Takeshi va a sufrir. En vaya lío, estamos, seguro! Me gusta que te gusten las fotos.
Un besote de geisha.

Mercedes dijo...

Bueno, de nuevo la cosa está que arde. Me encanta como ha luchado y lo bien que lo describes. Parece que lo estoy viendo, no viendo no, ¡sintiendo!Vamos a ver cómo salen para evitar el chantaje....

Un abrazo Carolina. Como siempre, nos dejas en ascuas.

Carolina dijo...

Mercedes, si lo ves, si lo sientes, es que he podido relatarlo bien, ¿no?.
Ay, Kotori, sí, vamos a ver cómo salen de ésta.
Un abrazo muy grande.

Belén dijo...

¡¡Ya me he puesto al dia!! Todo era cuestión de encontrar el momento perfecto para saborear cada capítulo. En cuentro que cada vez son más "claros" (tu ya me entiendes)eso le da fluidez y lo hace mucho más ameno e interesante. La historia se pone emocionante, como tiene que ser. Yo también dejo llevarme por los personajes y a veces me dan sorpresas inesperadas.

¡¡A por el siguiente!!

Carolina dijo...

Belén, sí, procuro que sean más "claros", jeje.
Vamos, pues a por el siguiente.
Quiero saber qué ocurre (jaja ¿¿¿¿)

Nieves Hidalgo dijo...

Carolina, me encantan las mujeres luchadoras. Pero odio a Kasumi.
¿Podrán salvarla?
Bueno, pues me voy al capítulo siguiente.
Me has dejado hecha polvo.

Besos

Carolina dijo...

Nieves, a mí también me encantan, qué digo!, me apasionan.
Si no logran salvarla creo que tiene suficientes agallas para hacerlo ella solita.
Besosss de mujer samurai.