
Ôumi ni
Shima mo aranakuni
Unahara no
Tayutou nami ni
Tateru shirakumo
En un océano
Sin islas siquiera
Más allá de las olas que no cesan
En alta mar
Se alzan las nubes blancas
"Yo, Taiheiyô, el Inmenso, el Infinito, astuto y soberbio rey de la Tierra, inmenso e inconmensurable, eterno y pacífico, violento en mi orgullo de mareas inalcanzables y pleno en mi tranquila quietud."
"Yo, el Acogedor de vidas, el Enterrador de almas, de oscuros secretos confundidos en mis turbias aguas, Abrazador de vidas singulares y profundas como mis simas verdes y tenebrosas, donde no llega la luz, donde la noche es eterna."
"Yo, ¿por qué yo?"
Las aguas del mar más poderoso de la Tierra temblaron ante los pensamientos que se desprendían de sus abismos ocultos y fríos, de las cálidas y discontínuas corrientes que arrastraban retazos de historia más allá de ideas y convicciones, de estados y de posiciones.
Las aguas se movían inquietas en un caos de sentimientos ajenos y pensamientos extraños, fuertes y duraderos en el tiempo, desde el momento en que fueron depositados en el lecho azul bañado por un sol rojo intenso, testigo de los acontecimientos acaecidos en tierra firme.
Taiheiyô volvió a temblar...
"¿Por qué yo?", se preguntó de nuevo.
Fui creado para dar luz y vida, energía húmeda para la seca tierra, pero ahora acojo en mi seno restos de muerte y destrucción, de odio y de maldiciones sin sentido que sobrevivirán a lo largo del tiempo, impidiendo el olvido, que así sea.
Y yo, soy eterno...
¿Qué hacer con las almas errantes y penitentes que surcan mis caminos, que yacen en las profundidades abismales de mi corazón, en mis tortuosos laberintos de plantas marinas, enredaderas de vidas terminadas prematuramente bajo el cálido sol de un cierto verano?
Cómo puedo acallar las voces de los caídos, suplicando un lugar en la Gloria, un recuerdo entre los suyos. Cómo cerrar mis oídos a los gritos de súplica de una vida mejor para su pueblo y de un descanso definitivo para sus almas, deseando que los lamentos no ocupen mis sentidos.
Mis brazos abarcan lenguas de tierra que absorven y agotan mi capacidad de asumir tanto dolor y llanto.
Yo, el Pacífico, soy el Elegido...
Soy el Enterrador de almas, el acogedor de las voces del Tokkôtai y de la Gran Manta Azul, de sus hombres, barcos y aviones, desunidos por una Hachimaki y una bandera de barras y estrellas, unidos en un instante de muerte que hace a todos iguales.
Soy el portador de las voces en el silencio, desde el Más Allá, paciente, sereno, comprensivo y compasivo, sostén de espíritus en una inmensa y suave superficie de algas submarinas.
Debo continuar en calma y abrir mis campos de coral, para que las voces, que tanto me atormentan, sean siempre escuchadas y atendidas, para que eternamente sean recordadas.
Cuando no lo sean...
Yo, Taiheiyô, El Pacífico, bramaré furioso con aguas negras, alzaré olas oscuras y perderé mi nombre...
TAIHEIYÔ : Océano Pacífico
TOKKÔTAI : Unidad de ataque especial Shinpú. Soldados Kamikazes para los occidentales surgidos durante la 2ª Guerra Mundial.
GRAN MANTA AZUL : Escuadrón de pilotos norteamericanos cuya misión consistía en proteger a los navíos de los ataques suicidas japoneses.
HACHIMAKI : Bandera del sol naciente, símbolo de la flota naval japonesa que los soldados portaban anudada en su frente.
Nota de la autora: Personalmente siempre he creído que los Mares y Océanos que pueblan nuestro mundo, no sólo contienen multitud de vidas distintas, sino que tienen vida propia y por qué no, también pensamientos y sentimientos propios.
Por ello, este relato es un pequeño homenaje a Taiheiyô, el Océano Pacífico, un gran cementerio de vidas humanas que se perdieron en uno de los más grandes conflictos bélicos que ha sufrido el hombre.
Para los que siguieron a la eternidad en sus azules aguas, descansen en paz, y que sean por siempre recordados.
Este relato es propiedad de su autora y está protegido.
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2 Hablan los Danna:
Acabo de comprobar que vienes renovada y con las pilas a 100. Hermoso relato. Vuelvo a repetirte que escribes muy bien y que tienes una gran sensibilidad. Nos seguimos leyendo. Besos
Pues sí, yo también creo que el mar tiene vida y alma propia. Hace unos días pude salir en un barquito a recorrer la costa y mientras estabamos alejados de la tierra, contemplaba su esplendor y me preguntaba la cantidad de cosas desconocidas que albergaba en su interior. Si el mar pudiera hablar cuantas historias nos contaría, cuantas tragedias de aquellos que dejaron allí sus vidas. Un relato lleno de historia, esa que esta escrita en la naturaleza y solo algunos saben ver. Mágico. Besitos
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