O-KAERI NASAI

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miércoles, 9 de junio de 2010

RAN. Capítulo XXIV. "BARA" 薔薇. La Estancia de las Mil Rosas




Chiro susuki
Samuku natta ga
me ni miyuru

Caen flores de pampas
Salta a los ojos
El frío creciente


En el silencio
De esa flor amarilla
Perdura el canto







La Estancia de las Mil Rosas se ubicaba en uno de los valles limítrofes con el monte Hiei, una casa de té típica del período Kamakura, de estilo rústico, compuesta de materiales provenientes de la naturaleza, básicamente troncos de árboles y su corteza, todo ello entretejido con hebras de paja seca. Su finalidad consistía en reunir a los amigos de cualquier condición, siempre que gustaran de buenos tragos de sake, multitudinarias partidas de Go y disfrutar de la compañía de bellas geishas para entretenerse con sus danzas y cantos tradicionales.
Bara, La Rosa de Kyoto estaba más que satisfecha de su negocio.
La casa de té de Las Mil Rosas le otorgaba píngües beneficios como resultado de las apuestas en el juego, la bebida, y algun que otro escarceo amoroso de alguna prostituta asidua al local. Los soldados eran extremadamente generosos. La mayoría tenían vidas solitarias, sin mujer y sin familia, dedicados plenamente al servicio de las armas; pero necesitaban desahogo físico, además del que les proporcionaba la lucha y empuñar sus espadas contra el enemigo en las múltiples batallas que se desarrollaban día a día. Se trataba de una corriente casa de té, un poco más lujosa que el resto de las existentes en la provincia, pero con una inusual particularidad: su suelo era considerado territorio neutral. Allí convivían, reían, jugaban y fornicaban, amigos y enemigos, samuráis de Yanama, de Hosokawa y de Ashikaga, campesinos ashigaru, ji-samuráis, e, incluso algunos ronin, los guerreros sin Señor, los "hombres ola", vagabundos mercenarios en busca de una causa por la que luchar.
Y Bara les otorgaba a todos cobijo, consuelo y compañía.

Kasumi, el general Kazahaya y su séquito de cincuenta hombres leales, custodios de los nuevos prisioneros, llegaron puntuales a la cita con la okasân de la casa de té, preparados para idear nuevos planes de influencia futura en las decisiones de los dos clanes en guerra, y así obtener posiciones ventajosas que los acomodaran en una vida ociosa llena de lujos y propiedades que administrar. Los sirvientes de la okiya acudieron solícitos a recibirlos. Tenían órdenes de tratarlos de manera obsequiosa, pues se trataban de clientes muy importantes, amigos de La Rosa de Kyoto, a los que había que tratar con sumo respeto y cuidado.
Mientras los hombres se apeaban de sus monturas y eran agasajados por los criados, Bara, la señora de la okiya, observaba lo que ocurría en el exterior desde sus habitaciones. Sintió una punzada en el corazón y gimió al ver de nuevo a Takeshi.

Taro se recreó en el rostro de Hoshi radiante de luz, como si la sombra de la luna hubiera dejado asomar los rayos del sol en plena noche, infringiendo las leyes de la naturaleza que declaraban que tal cosa era del todo imposible. Pero no lo era, el sol estaba allí, en el semblante de su estrella polar, de su guía en la oscuridad. Besó las mejillas sonrosadas de la mujer, calientes tras el intervalo amoroso, y la sedujo una vez más con palabras suaves al oído:
-Te amo mi luz, mi amor, eres mi volcán ardiente. Ni Fujisan en sus mejores ataques de ira desprende tanto calor como tú.
Hoshi se sonrojó aún más y deseó fundirse como lava en los brazos de Taro, pero se contuvo y respondió:
-Mi general, deberíamos ir tras Takeshi, debemos averiguar si están bien él y mi pequeña flor, ¿no crees?. Hemos sido bastante egoístas pensando sólo en nosotros, vamos a encontrarlos, vamos, mi amor.
-Soy incapaz de negarte nada, Hoshi. Vamos pues, yo también deseo volver a verlos de nuevo.
Se incorporaron del frío suelo donde consumaron una vez más su amor y rápidamente prepararon sus monturas para dirigirse al campamento de Kasumi. Era el único lugar a donde había podido dirigirse Takeshi después de su repentina huída, o al menos eso deseaba Taro.



Bara continuaba observando desde la ventana de sus aposentos.
La emoción le atenazaba la garganta, no podía respirar y su pulso estaba tan acelerado que creyó que podría morir en ese momento debido a los fuertes latidos de su corazón.
Continuaba siendo un hombre hermoso, tan fuerte y atractivo como ella recordaba, pues aún ocupaba un pedazo de su corazón...no, no un pedazo, sino todo su corazón.. ¿Por qué lo dejó marchar hiriéndole de aquel modo, por qué?. "Estúpida", pensó para sí, "...jamás volverá a mirarte a la cara", y dos grandes lágrimas de desconsuelo surcaron sus maquilladas mejillas.

Takeshi estaba furioso. Se había dejado atrapar de una forma tonta, muy incauto por su parte permitir que el enemigo se les hubiera acercado de aquella manera. Y por si fuera poco...se encontraba en La Estancia de las Mil Rosas, a punto de ver a la única mujer que no deseaba volver a encontrar en su vida. Qué ironía, el destino lo devolvía junto a ella, ahora que había encontrado el amor de verdad. No quería que nada entorpeciese su relación con Hanako, pero su instinto de samurái le indicaba que en ese lugar únicamente surgirían problemas. Pero no imaginaba cuántos.

Taro estaba desconcertado, no encontró ni rastro de los jóvenes en el campamento. Únicamente huellas de herraduras recientes indicaban la presencia de varios jinetes. Un mal presagio se adueñó de su mente...El Hijo de la Niebla había estado allí, aún danzaba en el aire su olor a humedad y podredumbre. Taro escucho un movimiento a sus espaldas y una visión deslumbrante le alegró el corazón: Hoshi se acercaba a él acompañada por Kamikaze, el caballo de su gran amigo. El general se acercó al animal y acarició su testuz.
-Amigo, dime, ¿sabes dónde está tu señor?
El animal abrió la boca y dejó escapar un agudo relincho mientras movía su cabeza de arriba a abajo.
-Bien, "viento divino", bien, tranquilo, muéstrame el camino, que te seguiré hasta el fin del mundo si es preciso.
Kamikaze se alzó en el espacio y pateó el viento. Cayó sobre sus cuartos delanteros y agitó la cabeza. Taro comprendió e hizo que Hoshi subiera a su montura.
-Rápido, mi estrella, rápido, no tenemos mucho tiempo...
Salieron al galope tras el camino que iba señalando el hijo del viento.

Bara no podía controlar más sus emociones y lloró largamente, dejando fluir toda la amargura que su corazón había retenido hasta entonces. Dioses!, aún amaba a ese hombre, y ¡cuánto!. Mientras seguía ávida todos sus movimientos, Bara se propuso tener a Takeshi de nuevo entre sus brazos, y lo conseguiría.
O dejaría de llamarse La Rosa de Kyoto.

BARA 薔薇 : Rosa (flor del rosal).
OKASÂN : Propietaria de la casa de té.
OKIYA : Casa de Té.
FUJISAN : Monte, volcán Fujiyama. Fujisan es el nombre correcto del volcán, ya que Fujiyama se corresponde a una lectura equivocada de los kanji por parte de los traductores.

Haikus:
Kobayashi Issa (1763-1827). Traducción de Antonio Cabezas.
"Psalle et sile". Luis Alberto de Cuenca.

9 Hablan los Danna:

Nieves Hidalgo dijo...

Me ha encantado la descripción de la Casa de las Mil Rosas. Es que la he visto como si estuviera allí.
La relación entre Taro y Hoshi me tiene alucianada. Ni Fujisan en sus mejores ataques de ira desprende tanto calor como tú. Aaaaaay, qué bonito.
Lo de Bara me mosquea. ¿Qué le hizo a nuestro protagonista? Está claro que esta mujer va a dar problemas porque intentará volver a conquistarlo. ¡Vaya follón el que se avecina!
Me voy a tomar una copita de sake, para las penas.

Besos y más besos.

Anabel Botella dijo...

Bueno, se veía venir lo de Bara. A ver cómo sale de esta.

Un chupito de saque a tu salud y a la de Nieves ;)

Carolina dijo...

Nieves, me pareció interesante dar vida a un tugurio (casa de té, finamente hablando), que fuera como un oasis para soldados de todos los bandos, un territorio de paz que fuera neutral.
A mí también me alucina la relación entre Taro y Hoshi! jamás pensé que había tanta pasión entre ellos dos (pero cuando pienso en ellos es que los dedos se me disparan sobre el teclado).
Lo de Bara me tiene igualmente mosqueada...problemas...ay! la que se le viene encima a Takeshi!!
Copita de sake, viene de coj...(no, si al final acabamos aquí también beodas y terminamos con la cosecha de sake, ja!!)
Besos, besos y más besos!
____________

Anabel, ciertamente, a ver cómo los saco de ésta (??), es que mira que me complico la vida, o se la complico a ellos.
Chupito de sake pa las tres, Nieves tú y yo. Prepararé más por si los que vengan después se quieren apuntar.
Besos.

Arena dijo...

Por aquí se avecina un "marrón" , yo también quiero chupito, los que hagan falta.

Hôyô

Carolina dijo...

Arena, para el marrón que se avecina, tenías ya un chupito guardado para tí.
Hôyô

Nieves Hidalgo dijo...

A Bara le tienes que encontrar un maromo adecuado. De quedarse con el prota, nada de nada, claro.
¿Algún primo desaparecido que sale de repente?
¿Algún guerrero que llega herido y ella le cuida y se encandilan?
¿Algún bombero cachas?

Busca lo que quieras mientras me acabo la botella de sake. Por cierto, está tan bueno como el ron y empiezo a ver a dos Kasumi. Voy a tener que liarme con la gaseosa.

Besooooooooooooooos

Carolina dijo...

Nieves, he empezado el día riéndome con tus ocurrencias...eres buena, pequeña, jaja.
Acepto tu sugerencia, voy a buscarle un maromo a Bara, pa quitarle el calentón y que sea feliz también. ¡Que sean todos felices! ¿Por qué no? Aunque aún queda alguna batallita, bien se merecen todos un bonito final...¿o no?.
Déjame un poco de sake, que el mío se ha acabado y me da pereza salir a comprar: es que veo doble también, pero yo veo dos Takeshi, y no sé con cuál de los dos quedarme...
Besoooooooooooooooos pa tí!!

Sidel dijo...

Madre mía como se esta poniendo esto...parece ser que la ex de Takeshi es una mujer lista, bella y aún lo ama, eso puede llegar a ser peligroso para Hanako...Por cierto la foto del principio me ha encantado es como si esa mujer fuera casi tan bella como Hanako pero a la vez con más experencia con los hombres, sobretodo por el negocio que regenta...puede ser una dura rival...Esperemos que Taro y su estrella lleguen a tiempo a la casa del té...Que emocionante!!!

Carolina dijo...

Ay Sidel, peligrosa sí es la dama, más que todo un batallón de fieros samuráis. Hanako está francamente mal, me lo ha "dicho" esta tarde.
Yo le he dicho que siendo la "prota" no se preocupe, que todo saldrá bien, pero...