O-KAERI NASAI

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domingo, 21 de febrero de 2010

HIMAWARI





Himawari o
Totte shikararete
Hana o miru


Mientras me reñían
Por haber cogido el girasol
Yo miraba la flor









    Los girasoles comenzaban a dar la espalda al Sol Naciente, en el instante en que la gran estrella contradecía a su nombre y se ocultaba en el lejano horizonte, conforme a su naturaleza y su inclinación esperada, para dejar paso a Mangetsu, la luna llena.
    Así decidieron darse la espalda y ocultarse de sus mútuas miradas, Keiho y Yoko, dos girasoles de los campos fértiles y amarillos, llenos de flores luminosas como el propio sol que empezaba a ocultarse, llenos de semillas de nueva vida para el futuro.

    Pero una mirada furtiva esquivó el último rayo de sol y se mezcló con el primer rayo de luna. Los dos amantes se miraron por primera y única vez. Sus miradas estaban condenadas a rendir culto al sol que daba vida a la tierra que las alimentaba, siguiendo su calor, adorando su tibieza...

    Yoko aprovechó el instante de semipenumbra y lanzó una oración a la poderosa Mangetsu, convirtiéndola en su aliada y traicionando a los rayos del sol:

    - Amada Madre de la Noche, Eterna y Blanca Luna... sólo te pido un deseo: una jornada tuya para mí y para mi amado, antes que nazca de nuevo el Sol.
    Ante tal atrevimiento, Mangetsu respondió airada:
    -¿Por qué?, dime, ¿por qué debería concederte tal petición?. Sóis adoradores del sol y no os dignáis a mirarme a la cara, ni siquiera cuando vuestro amo se esconde, pues vosotros escondéis también vuestras caras con la llegada de la Noche. ¿Por qué debo complacerte?

    Yoko comenzó a temblar, por el frío invadiendo su corazón, frío llegado con la partida del Sol. Pero su firmeza y determinación eran tan intensas como el fuego del astro que la vio nacer.
Sin dudar, respondió:
-Diosa de la Noche, somos esclavos de la Luz, nuestras miradas son para el Sol y no podemos dirigirlas a ningún otro ser, ésa es nuestra naturaleza. Pero si tuvieras a bien concedernos un instante de entendimiento, un sólo segundo de noche durante el día, sólo entonces podríamos Keiho y yo amarnos por toda una eternidad...

    Mangetsu se conmovió profundamente; jamás en su existencia fue testigo de un amor tan profundo y verdadero como el que Yoko depositaba a sus pies.
















    La poderosa Luna se estremeció y habló a través del cielo con voz heladora:

    -Afortunado sea el hermano Sol, que flores tan hermosas miran con dulzura sus rayos y absorben su calor. Todas son suyas, sin excepción; pero una de ellas siente tanto amor que se rebeló a su destino. La flor de Himawari que desafió a mi Hermano, Hijo del Día, por un amor en la Oscuridad bajo mi manto protector, merece ser escuchada.

    Mangetsu abrió sus ojos de escarcha mirando hacia la Tierra, hacia los campos de Himawari, iluminando el camino. Abrió sus fauces, de las cuales surgió cabalgando el poderoso Funbetsu, el  Soldado de la Noche, dejando un camino helado entre la Tierra y el Sol.
    El día, por unos minutos, se tornó en noche.
    Yoko y Keiho se miraron abiertamente, obviando la luz del Sol, que por unos instantes dejó de existir...
    Yoko y Keiho se amaron por fin.


HIMAWARI : Girasol
MANGETSU : Luna llena
FUNBETSU : Juicio, Sensatez

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

Nota de la autora:
Día a día, y relato tras relato, voy conociendo una pequeña parte de Japón y de su cultura. Voy conociendo palabras extrañas y hermosas , muchas "frases hechas", refranes, etc, como en cualquier otro idioma.
Pero la cultura japonesa es única; todos los pueblos son sabios, todos, pero el pueblo japonés ha sido de los pocos en saber plasmar su sabiduría ancestral en su vida cotidiana, a través de los siglos. Con todos sus defectos y sus virtudes, obviando y "perdonando" los primeros, y ensalzando las últimas... Himawari es una palabra tan hermosa, tan sencilla, que merece ser conocida en Occidente.
Y espero que hayáis comprendido el sentido "celestial "(?) del relato.

9 Hablan los Danna:

Xibeliuss dijo...

Yo creo que has plasmado muy bien la belleza, la delicadeza de los grandes cuentos japoneses.
Me alegro verte.
Saludos.

Noa dijo...

Madre mía Carolina, precioso, conmovedor, tan dulce y delicado como el amor de esos dos hermosos girasoles. Yo también aprendo palabras, frases hechas, tradiciones.., con tus relatos de una cultura fascinante.

Un abrazo amiga

Carolina dijo...

Xibeliuss: era precisamente mi intención captar la esencia de las grandes leyendas japonesas; ésta es pura invención, y si te ha gustado, me doy por satisfecha.
Saludos.

Noa: no imaginas lo que te echado de menos, gracias por volver aquí!.
Seguiremos aprendiendo juntas.
Abrazos, cielo.

Arena dijo...

No se de donde eres pero cuando leo este blog es tanta la tranquilidad, armonia y delicadeza que expresas que llego a creer que quien lo narra es una japonesa. Precioso el cuento de hoy.
Un abrazo Carolina

Sidel dijo...

Me ha parecido una preciosa historia de amor, jugando con los astros que a mi me gustan tanto, el sol y la luna, luz y oscuridad. Me has recordado los campos de girasoles que hay en el pueblo de mi padre, ahora cada vez que los vea me acordare de la palabra Himawari. Siempre aprendiendo cosas buenas de ti. Besitos!

Carolina dijo...

Arena: No soy japonesa, soy española, catalana de Barcelona y vivo en Tarragona. Pero una parte de mi sí pertenece al lejano oriente. Un beso.

Sidel: recuerda a Himawari cuando veas esos campos tan bellos; yo estaré allí contigo.

JonY dijo...

Faltan palabras. Sencillamente... extraordinario, como siempre.
Un beso enorme y nunca cambies.

Neuromanter dijo...

Himawari... Amanece y los amantes se separan irremediablemente.

Carolina dijo...

Se separan, Neuromanter, sí... a menos que deseen desafiar a su destino y amarse a la luz del sol.